Ojo con la deuda, que vienen curvas
En un momento de efervescencia económica y optimismo relativo, que es lo que predica el Gobierno, no pueden ignorarse los claros signos de alarma que se ciernen sobre la financiación del Estado en España. Raymond Torres, director de coyuntura de Funcas, ha dado voz a una preocupación que, de no abordarse de manera proactiva, podría convertirse en una carga insostenible para las generaciones futuras.
En un contexto en el que la contención de los desequilibrios presupuestarios se ha convertido en un cliché recurrente, las advertencias sobre la acumulación de déficits no han surtido el efecto deseado. Con una mezcla de políticas monetarias acomodaticias y austeridad posterior a la crisis, el país ha experimentado un periodo de aparente estabilidad financiera. Sin embargo, este escenario se está desmoronando a medida que el Banco Central Europeo (BCE) da un giro a su política, lo que plantea serias implicaciones para la deuda española.
La premisa de que los Estados podrían beneficiarse de condiciones de financiación excepcionalmente favorables se está desvaneciendo rápidamente. El fin de la era de la abundancia monetaria ha desencadenado un encarecimiento sustancial del coste de la financiación, con el BCE reduciendo su compra de deuda y ajustando los tipos de interés. Esto ha provocado un incremento alarmante en la carga de intereses para el Estado español, que pronto podría alcanzar el 40% de la recaudación de IVA en 2024.
A pesar de la ventana de oportunidad actual, caracterizada por un crecimiento económico sólido y un superávit externo, es crucial adoptar medidas audaces y estratégicas para evitar un futuro financiero incierto. La racionalización de la fiscalidad, la evaluación minuciosa del gasto y una acción temprana y equilibrada, como se ha observado en Portugal, podrían allanar el camino hacia la estabilidad económica sin comprometer los objetivos sociales y medioambientales.
Es esencial reconocer que la inacción ante esta situación podría exacerbar la carga financiera, limitar la capacidad del Estado para afrontar posibles shocks económicos y comprometer la soberanía en la búsqueda de los objetivos nacionales. El momento de actuar es ahora, y es imperativo que tanto los responsables políticos como los ciudadanos asuman la responsabilidad colectiva de salvaguardar la estabilidad financiera del país.
La levedad de la deuda no debe conducir a la negligencia, sino a una acción determinada y consciente en pro del futuro próspero de España. Sorprende que este asunto no esté en la primera línea del acuerdo de gobierno entre el PSOE y Sumar. Lo dicho: ojo con la deuda, que vienen curvas. @mundiario