Los saudíes entran en Telefónica

La letra pequeña del llamado escudo antiopas deja entrever el interés de Saudi Telecom Company por entrar en el consejo de Telefónica. El Gobierno tiene un papel relevante.

Mapa de Arabia Saudí. / Pixabay
Mapa de Arabia Saudí. / Pixabay

El grupo Saudi Telecom Company (STC), bajo control del Fondo de Inversión Pública (el PIF, debido a sus siglas en inglés), ha comprado el 9,9% de Telefónica por 2.100 millones de euros y se ha convertido en su primer accionista. Es una noticia empresarial importante, pero también es una noticia estratégica para España, dada la relevancia de Telefónica y su papel en la seguridad del Estado. De hecho, el grupo saudí, que ofrece servicios de telefonía fija y de infraestructura fija, móviles y de datos, debe pedir la autorización a Defensa para completar la compra. 

La historia detrás de la adquisición del 9,9% de las acciones de Telefónica es un fascinante ejemplo de cómo las grandes estrategias empresariales a menudo se desarrollan en las sombras. Aunque la compañía saudí STC ha logrado su objetivo, la revelación de esta operación plantea interrogantes sobre sus verdaderas intenciones y su deseo de entrar en el consejo de administración de la operadora, una empresa sujeta a estrictas leyes españolas para proteger sus intereses estratégicos.

Todo indica que STC reclamará en algún momento desde Riad uno o varios asientos en el consejo de Telefónica en Madrid. De no tener esa pretensión, STC podría haber optado por renunciar a ese derecho y evitar las autorizaciones gubernamentales previas. El mundo de las finanzas nunca deja de sorprender con sus movimientos clandestinos y sus intrigas empresariales. El Gobierno de España, que tiene un papel relevante en este caso, debe estar atento.

Lo que fue una operación ultradiscreta, emprendida hace siete meses, deja entrever, por tanto, un intrigante interés de STC en entrar en el consejo de Telefónica. Sin embargo, esta maniobra no está exenta de obstáculos, especialmente en un país europeo con leyes que protegen a las empresas estratégicas.

Morgan Stanley, el cómplice de STC

Todo comenzó a principios de año cuando STC eligió a Morgan Stanley como su asesor financiero en esta arriesgada empresa. Además, reclutó a los expertos legales de Linklaters y Allen Overy. El objetivo era claro: construir una participación que alcanzara el 9,9% de las acciones de Telefónica, pero sin alertar a los reguladores ni a la propia compañía.

La adquisición planteaba desafíos considerables. Uno de los principales era cómo evitar la obligación de comunicar las participaciones a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). Fuentes citadas por Cinco Días indican que Morgan Stanley adquirió estas acciones de manera discreta en el mercado, en pequeños paquetes y a través de diferentes filiales y vehículos durante estos meses. Esto es común en los bancos de inversión, que adquieren acciones en nombre de sus clientes y mantienen su identidad protegida. Además, tienen una exención de la CNMV que les permite no revelar sus participaciones en empresas si estas no superan el 5% del capital y se mantienen para operaciones de trading, mientras que el umbral mínimo para otros inversores es el 3%. Morgan Stanley ha firmado compromisos de compra en otros casos que se materializarán en el futuro.

Otro reto importante era evitar que el precio de las acciones de Telefónica subiera artificialmente, lo que alertaría a la compañía y a otros inversores. De hecho, en los últimos tres meses, el volumen de negociación de Telefónica ha experimentado un aumento notable. Los datos de Bloomberg muestran que en junio se movieron más de 600 millones de acciones, frente a los aproximadamente 300 millones de los meses anteriores. En julio y agosto, se mantuvo por encima de los 300 millones, a pesar de que estos meses suelen tener un volumen de negociación más bajo. Esto sugería que alguien estaba acumulando acciones en secreto.

Finalmente, Morgan Stanley ha destapado la operación y transferido las acciones a STC. Sin embargo, tanto STC como Morgan Stanley, Linklaters y Allen Overy se han mantenido en silencio al respecto. La confidencialidad era esencial, ya que el mayor riesgo para STC era que otros actores se adelantaran en esta compleja maniobra financiera.

Mohammed bin Salman Al Saud. / BBC
Mohammed bin Salman Al Saud, MBS. / BBC

Un imperio financiero en manos de MBS

Telefónica estaba barata, y no digamos para los saudíes, que compran de todo. En el entorno del Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudí están 87 empresas que operan en 13 sectores estratégicos, en los que emplean a 560.000 personas. Mueve 700.000 millones de dólares.

En otra operación de este mismo año, el fondo soberano de Arabia Saudí duplicó su participación en el gigante petrolero Aramco hasta el 8% de su capital, como parte de su estrategia para diversificar la economía del principal exportador de crudo del mundo. Después de transferir el año pasado el 4% de las acciones de Aramco al Fondo de Inversión Pública, el príncipe heredero y primer ministro, Mohammed bin Salman Al Saud, anunció la transferencia de otro 4% al fondo de inversión Sanabil Investments, una empresa propiedad del PIF. El Estado saudí sigue siendo el principal accionista de la compañía petrolera después de esta transferencia, con una participación del 90,18%.

El PIF también acaba de tomar un 75% de los clubes de fútbol Al Ittihad, Al Ahly, Al Nassr y Al Hilal, al tiempo que anunciaba importantes inversiones en China.

Mohammed bin Salman, conocido coloquialmente por sus iniciales MBS o MbS, es príncipe heredero y primer ministro de Arabia Saudí. También se desempeña como presidente del Consejo de Asuntos Económicos y de Desarrollo y presidente del Consejo de Asuntos Políticos y de Seguridad. @mundiario

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