El crecimiento económico global se ralentiza
El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha lanzado una advertencia que debería resonar en todo el mundo: el crecimiento económico global se ralentiza y se perfila un panorama económico más débil y fragmentado para el próximo año. Las proyecciones del FMI apuntan a un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) mundial del 3.5% para el presente año, seguido de un modesto 2.9% para el próximo. Estas cifras están muy por debajo de los niveles históricos y pintan un escenario que la propia institución ha calificado como "mediocre".
Este llamamiento a la acción por parte del FMI llega después de años de expansión monetaria y gasto fiscal extraordinario en muchos países. Ahora, el organismo internacional con sede en Washington insta a los gobiernos a ejercer disciplina presupuestaria.
La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, ha instado a los bancos centrales a mantener una postura vigilante y a las naciones a fortalecer sus colchones fiscales para hacer frente a futuros desafíos económicos. Georgieva advierte de que las crisis se están convirtiendo en la "nueva normalidad", y que los tipos de interés deberán mantenerse elevados durante más tiempo.
A pesar de que algunas economías, como la de Estados Unidos, han logrado capear mejor los desafíos recientes en comparación con Europa o China, el crecimiento económico a medio plazo se ha visto dañado. Según las estimaciones del FMI a medio plazo, para 2028 se espera un crecimiento del PIB mundial del 3,1%, lo que representa un descenso de medio punto con respecto a las proyecciones pre-pandemia y casi dos puntos por debajo del ritmo anterior a la crisis financiera de 2008.
La deuda pública elevada es otro factor preocupante, que podría lastrar las finanzas de muchas naciones en los próximos años. Además, se vislumbra un repunte en la pobreza extrema, lo que acentúa la necesidad de acciones coordinadas a nivel global.
El aumento de los precios del petróleo, agravado por el conflicto entre Israel y Gaza, agrega presión a la inflación y complica la tarea de los bancos centrales, que podrían verse forzados a mantener tipos de interés más altos de lo esperado. Incluso antes de los recientes eventos en Oriente Medio, el FMI ya pronosticaba que la inflación no volvería a niveles sostenibles en la mayoría de los países hasta 2025. Esto supone un desafío adicional para las familias y empresas, así como para el costo de la deuda pública.
En el caso de España, las perspectivas son mixtas. Se pronostica un crecimiento del 2,5% para este año, pero una desaceleración al 1,7% en 2024. Aunque el país sigue superando la media de la zona euro, las previsiones del gobierno para el próximo año (2.4%) están por encima de las estimaciones del FMI. Sin embargo, el FMI respalda los planes del gobierno español de reducir el déficit al 3% del PIB en 2024.
En definitiva, las autoridades económicas afrontan un escenario complicado. El aumento de los precios de la energía en medio de la transición hacia una economía más verde, la necesidad de mantener tipos de interés elevados y la importancia de realizar ajustes fiscales con prudencia hacen que la cooperación multilateral y las reformas destinadas a impulsar el crecimiento a medio plazo sean cruciales en este contexto económico incierto. No se vislumbra un camino sencillo, y la cautela y la preparación son esenciales en estos tiempos de turbulencia económica global. @mundiario


