Von der Leyen aprueba el “Made in Europe” como escudo, pero advierte de que no es una solución total

La Unión Europea debate cómo reforzar su industria frente a la competencia global mientras crecen las divisiones internas sobre hasta dónde debe llegar la preferencia por la producción europea.
Ursula von der Leyen. presidenta de la Comisión Europea. / Parlamento Europeo
Ursula von der Leyen. presidenta de la Comisión Europea. / Parlamento Europeo

La propuesta de reforzar la preferencia por productos y empresas europeas en la contratación pública ha ganado protagonismo en la agenda económica de la Unión Europea (UE). La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha respaldado esta estrategia como una herramienta para fortalecer la base industrial del bloque, aunque ha subrayado que su aplicación exige prudencia y análisis detallado.

El debate se produce en un contexto marcado por la presión competitiva de Estados Unidos y China, el aumento del gasto público europeo y la necesidad de impulsar la autonomía estratégica del continente.

Von der Leyen ha defendido este martes el concepto como un mecanismo para consolidar sectores estratégicos y reforzar la capacidad productiva del bloque. “Creo que, en sectores estratégicos, la preferencia europea es un instrumento necesario que contribuirá a reforzar la base de producción propia de Europa. Puede ayudar a crear mercados líderes en esos sectores y apoyar el aumento de las capacidades de producción europeas”, declaró.

Sin embargo, también matizó los límites de esta estrategia al advertir que “es una línea muy fina” y que “no hay una solución única”, subrayando la necesidad de que cada medida esté respaldada por análisis económicos sólidos y respete las obligaciones comerciales internacionales del bloque.

El impulso del denominado “Made in Europe” responde a varios factores estructurales. En los últimos años, la UE ha incrementado notablemente el gasto público en áreas clave, como el programa de 150.000 millones de euros destinado a reforzar la defensa europea y los 90.000 millones en préstamos para apoyar a Ucrania. Estas inversiones han generado preocupación sobre quién se beneficia realmente de los fondos públicos, especialmente ante la posibilidad de que empresas extracomunitarias capten una parte significativa de los contratos financiados por el bloque.

Francia, encabezada por la iniciativa del presidente Emmanuel Macron, ha sido uno de los principales impulsores de esta política. El mandatario considera que la preferencia europea debe funcionar como un mecanismo de defensa frente a potencias que aplican estrategias industriales agresivas.

Según Macron, la UE debe evitar imponer requisitos regulatorios estrictos a sus empresas mientras permite que competidores externos operen bajo normas diferentes. Su planteamiento apuesta por concentrar la preferencia en sectores estratégicos como tecnologías limpias, química, acero, automoción y defensa, áreas consideradas clave para el posicionamiento económico futuro del continente.

No obstante, el consenso dentro de la UE está lejos de consolidarse. Miembros como Suecia, Países Bajos o varios Estados bálticos han expresado reservas sobre la estrategia, al considerar que podría aumentar la carga regulatoria, reducir la competitividad y limitar la apertura comercial europea. Estas economías sostienen que el crecimiento a largo plazo depende más de la innovación y la calidad que de la protección del mercado interno, lo que refleja una división estructural entre modelos económicos más intervencionistas y otros más orientados al libre comercio.

Alemania, por su parte, ha propuesto una alternativa conceptual denominada “Made with Europe”, que busca incluir a socios comerciales estratégicos y países con acuerdos comerciales con el bloque. Este enfoque pretende evitar un proteccionismo rígido y mantener las cadenas globales de suministro, consideradas esenciales para sectores industriales europeos altamente internacionalizados.

El debate sobre el “Made in Europe” también se vincula con el objetivo de reducir la fragmentación económica interna del bloque. Von der Leyen ha señalado que las barreras internas del mercado europeo continúan siendo significativamente más elevadas que en Estados Unidos, lo que limita la competitividad global de la UE.

En este contexto, la Comisión apuesta por avanzar en la integración de los mercados de capitales a través de la Unión de Ahorros e Inversiones, un proyecto destinado a facilitar el acceso a financiación y crear un mercado financiero más profundo y eficiente.

Otro elemento clave del debate es la posibilidad de avanzar mediante modelos de integración a distintas velocidades. Von der Leyen ha planteado que, si no se logra consenso entre los 27 Estados miembros, el Tratado de la UE permite aplicar mecanismos de cooperación reforzada entre países que deseen avanzar en áreas económicas específicas. Esta fórmula podría acelerar reformas estratégicas, aunque también plantea el riesgo de aumentar las diferencias entre economías del bloque.

El impulso del “Made in Europe” refleja, en última instancia, el intento de la Unión Europea de redefinir su posicionamiento económico en un entorno global cada vez más competitivo. La estrategia busca equilibrar la defensa de la industria europea con el mantenimiento de un sistema comercial abierto, una tensión que seguirá marcando el debate político y económico del bloque. @mundiario

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