La Unión Europea busca un rumbo común frente a la crisis en Gaza con medidas contra Israel

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha planteado suspender parte del acuerdo comercial con Israel tras la crisis humanitaria en Gaza. La medida, que afecta a más de 42.000 millones de euros en intercambios, abre un debate sobre el papel internacional de la UE.
Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. / Parlamento Europeo
Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. / Parlamento Europeo

El anuncio de Ursula von der Leyen de proponer una suspensión parcial del Acuerdo de Asociación comercial entre la Unión Europea e Israel supone un punto de inflexión en la política comunitaria. Hasta ahora, Bruselas había evitado dar un paso tan contundente frente al Gobierno israelí, alegando la dificultad de alcanzar consensos entre los Veintisiete. La decisión no llega en un vacío, sino tras meses de denuncias por la situación humanitaria en Gaza y la presión creciente de varios Estados miembros, entre ellos España y Bélgica, que reclamaban medidas más firmes.

El acuerdo en cuestión mueve cifras considerables: en 2024, los intercambios comerciales entre la UE e Israel ascendieron a más de 42.000 millones de euros. Suspenderlo, aunque sea parcialmente, no es solo un gesto político; tiene consecuencias económicas directas. No obstante, Von der Leyen ha querido subrayar que esta suspensión no afectará a la sociedad civil israelí ni a instituciones como Yad Vashem, lo que revela un intento de diferenciar entre el Gobierno de Netanyahu y la ciudadanía.

Europa dividida y la urgencia de un liderazgo común

El trasfondo de este movimiento es la incapacidad de la Unión Europea para articular una respuesta unitaria frente a la ofensiva israelí en Gaza. La presidenta de la Comisión reconoció abiertamente que lograr mayorías será complicado. Esa confesión refleja la tensión entre Estados más reticentes a sancionar a Israel y otros que consideran insuficiente lo planteado. España, por ejemplo, celebra el anuncio pero insiste en que la suspensión debería ser total.

Aquí surge una pregunta esencial: ¿qué significa para Europa no actuar de manera coherente? La falta de un rumbo claro debilita su papel internacional. Mientras Estados Unidos sigue siendo el principal garante de Israel, la UE corre el riesgo de quedarse atrapada en un limbo, incapaz de hacer valer sus propios valores fundacionales de respeto a los derechos humanos y al derecho internacional. Esa contradicción erosiona su credibilidad en el exterior y también ante su propia ciudadanía.

Gaza como espejo de la responsabilidad europea

La crisis en Gaza ha dejado imágenes insoportables de hambre, destrucción y desplazamiento masivo. Von der Leyen lo expresó con contundencia al recordar que “la hambruna nunca puede ser un arma de guerra”. Esta frase conecta con algo más profundo: la responsabilidad de Europa no puede limitarse a la retórica. Si la UE defiende la solución de los dos Estados y el derecho de los palestinos a un territorio viable, debe garantizar que sus relaciones comerciales y diplomáticas no refuercen dinámicas que destruyen esa posibilidad.

La suspensión parcial del acuerdo es, en ese sentido, un primer paso. Pero insuficiente si no se acompaña de un compromiso real con la reconstrucción de Gaza, con el apoyo financiero a la Autoridad Palestina y con sanciones efectivas contra quienes fomentan la violencia en los asentamientos. Las dudas sobre la capacidad de Europa para avanzar en esa dirección siguen presentes, pero cada día que pasa sin actuar refuerza la idea de que la parálisis beneficia a los más radicales.

Cerrar los ojos ante la tragedia no es una opción. Europa debe asumir que su peso económico y político puede y debe utilizarse para proteger la vida y la dignidad humana. Si no lo hace, quedará reducida a un espectador impotente en un conflicto donde la neutralidad ya no es posible. @mundiario

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