Bruselas desoye las críticas y activa provisionalmente el acuerdo comercial con Mercosur
La Comisión Europea, presidida por Ursula von der Leyen, ha decidido aplicar de forma provisional el acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur tras más de dos décadas de negociación. En un contexto marcado por la volatilidad arancelaria de Donald Trump, Bruselas defiende el pacto como una necesidad “estratégica” para reforzar la autonomía económica del bloque, pese a la oposición de países como Francia y a las dudas jurídicas planteadas ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE).
La decisión de aplicar provisionalmente el acuerdo con Mercosur —integrado en el pacto por Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay— marca un punto de inflexión en la política comercial europea.
Tras 26 años de negociaciones y múltiples bloqueos políticos, la Comisión ha optado por activar la parte comercial del tratado sin esperar al pronunciamiento del TJUE ni a la ratificación definitiva del Parlamento Europeo. La base jurídica para ello es que el Consejo otorgó en enero el mandato para proceder cuando al menos uno de los socios sudamericanos completara su ratificación, condición ya cumplida por Argentina y Uruguay.
Pero la idea geopolítica detrás del acuerdo radica en que en un entorno internacional caracterizado por la imprevisibilidad de un orden mundial en mutación y del presidente de EE UU en su guerra comercial de alcance global, Bruselas prioriza la capacidad de reacción frente a la espera institucional.
El factor Trump y la autonomía estratégica europea
Aunque la Comisión evita vincular formalmente su decisión con Washington, el contexto es determinante. La política arancelaria de Trump —reactivada tras su regreso a la Casa Blanca— ha reintroducido incertidumbre en el comercio transatlántico. Las dudas sobre el acuerdo arancelario UE-EE UU alcanzado el pasado julio, después de la sentencia de la Corte Suprema que declara ilegales la mayor parte de los aranceles estadounidenses, han acelerado los cálculos en Bruselas.
Von der Leyen ha enmarcado el pacto como una “ventaja estratégica” en un mundo de “competencia intensa y horizontes estrechos”. El acuerdo con Mercosur no sustituye la relación con Estados Unidos, pero sí amplía el margen de maniobra europeo.
La estrategia es coherente con una política más amplia: modernización de acuerdos con América Latina y Asia, impulso de nuevos tratados digitales y revitalización de negociaciones paralizadas. El objetivo es tejer una red de socios fiables que amortigüe choques geopolíticos y reduzca dependencias críticas, incluida la de China en materias primas estratégicas.
El mayor acuerdo comercial de la historia de la UE
Desde el punto de vista económico, el tratado es ambicioso. Bruselas estima que eliminará hasta 4.000 millones de euros anuales en aranceles para exportaciones europeas, convirtiéndolo en el mayor acuerdo del bloque en términos de reducción arancelaria potencial.
La suma del PIB de ambas regiones configura la mayor área de libre comercio del mundo por volumen económico, con más de 720 millones de habitantes. Diversos estudios económicos apuntan que la ausencia de este marco comercial en los últimos años ha tenido un coste relevante en exportaciones y crecimiento para la UE.
Para países como España o Alemania, el acuerdo es clave para diversificar mercados y compensar pérdidas derivadas de tensiones comerciales con Estados Unidos. La decisión, sin embargo, abre una brecha política significativa dentro de la UE. El presidente de Francia, Emmanuel Macron, ha calificado el anuncio de “sorpresa desagradable” y ha denunciado un movimiento “unilateral” de la Comisión, a la que acusa de no haber “respetado debidamente” a los ciudadanos europeos y sus representantes en el Parlamento Europeo, que remitió el tratado a una revisión jurídica en el TJUE.
Por ello, el presidente francés aseguró que desde París “estaremos vigilantes” para que “se respete lo que hemos negociado duramente estos últimos meses”, en alusión a los mecanismos de salvaguarda y las cláusulas espejo aprobadas por Bruselas, a presión de los Estados contrarios al acuerdo y de los gremios agroindustriales, con la intención de que no entren al mercado comunitario los productos sudamericanos que no cumplan los mismos estándares sanitarios o ambientales de la UE.
Francia, principal productor agrícola del bloque, teme un aumento de importaciones de carne de vacuno, azúcar o aves a precios competitivos. Las protestas del sector agrícola han sido constantes durante las negociaciones y el debate coincide con la revisión de la Política Agraria Común (PAC). @mundiario