Trump reinicia la guerra comercial: la UE, primera amenaza de aranceles del 50%
En un nuevo episodio de su impredecible ofensiva comercial, Donald Trump ha encendido de nuevo las alarmas globales: amenaza con imponer aranceles del 50 % a las importaciones de la Unión Europea a partir del 1 de junio de 2025. El presidente de EE UU, fiel a su estilo combativo y populista, ha resucitado su guerra comercial justo cuando los mercados aún no han digerido del todo el último temblor provocado por su reforma fiscal, la Big Beautiful Bill. Lo ha hecho con su habitual mensaje en su red social Truth, apuntando esta vez a Bruselas como blanco prioritario de su retórica arancelaria.
Trump ha vuelto a usar el comercio internacional como arma electoral y palanca de presión política. Desde su cuenta personal, arremetió contra la UE con argumentos que apuntan al corazón del club comunitario: acusó a las instituciones europeas de haber nacido con el propósito de “aprovecharse de Estados Unidos”, cuando en realidad el proyecto europeo surgió tras la II Guerra Mundial para evitar nuevos conflictos mediante la cooperación económica.
“La Unión Europea, que se formó con el objetivo principal de sacar provecho de los Estados Unidos en materia de comercio, ha sido muy difícil de tratar”, escribió el presidente estadounidense. “Sus poderosas barreras comerciales, impuestos sobre el IVA, ridículas sanciones a las empresas, barreras comerciales no monetarias, manipulaciones monetarias, demandas injustas e injustificadas contra empresas estadounidenses, entre otras cosas, han provocado un déficit comercial con los Estados Unidos de más de 250.000.000 dólares al año (sic), una cifra totalmente inaceptable”, denunció el mandatario republicano, aunque el desbalance en intercambio de bienes su récord en 2024, con 235.571 millones de dólares, según las cifras estadounidenses, aunque, en realidad, es mucho menor cuando se incluye la balanza de servicios.
La amenaza de un arancel del 50 % —una medida sin precedentes en la historia comercial reciente entre ambos bloques— refleja también una intención clara: forzar a los Veintisiete a ceder en las negociaciones bajo la presión del pánico financiero. Y la jugada, al menos en los mercados, ha surtido efecto inmediato: desplome de bolsas, huida hacia activos refugio y una nueva oleada de incertidumbre económica global.
La política comercial de Trump se ha caracterizado desde 2017 por una combinación de maximalismo proteccionista y falta de coherencia estratégica. Lo vimos con China: empezó una guerra comercial que escaló hasta aranceles del 145 %, solo para luego retroceder tras el castigo de los mercados. Lo intentó con México, con Canadá, y ahora reaviva el conflicto con Europa mientras apenas ha concretado un acuerdo básico y desfavorable con el Reino Unido.
Europa en el punto de mira
En este contexto, las amenazas a Apple —a quien exige fabricar todos sus iPhones en suelo estadounidense bajo pena de aranceles del 25 %— no son un simple exabrupto, sino parte de un patrón. Trump quiere redibujar la economía global a golpe de tuit, sin considerar cadenas de valor, tratados internacionales ni la propia Constitución de EE UU, que limita los poderes ejecutivos en materia arancelaria.
Esta forma de ejercer el liderazgo no solo erosiona la confianza internacional en Estados Unidos como socio fiable, sino que está tensionando los límites del poder presidencial. Varios estados y empresas ya han impugnado estas decisiones apelando a la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (Ieepa), que solo permite estas medidas en casos de amenazas extraordinarias, no como herramienta rutinaria de presión comercial.
La elección de la UE como nuevo objetivo no es casual. Trump la percibe como una institución débil políticamente, dividida internamente y dependiente del comercio exterior. Su esperanza parece ser que, ante la presión, Bruselas ceda y firme un acuerdo rápido, aunque sea desventajoso, como el que forzó recientemente con el Reino Unido. Lo que no tiene en cuenta es que la UE, aunque burocrática y lenta, posee una enorme fuerza económica colectiva y cuenta con herramientas para responder, desde represalias comerciales hasta alianzas con otros actores globales.
Además, la UE no ha estado inmóvil: ha ofrecido un marco renovado para las negociaciones que incluye compromisos sobre derechos laborales, medio ambiente y cooperación estratégica en energía, inteligencia artificial y conectividad digital. @mundiario