Trump da marcha atrás: la tecnología queda fuera del castigo comercial

Cuando parecía que la guerra comercial de Donald Trump no iba a dejar piedra sobre piedra, el presidente sorprendió con una inesperada marcha atrás: móviles, chips y ordenadores, salvados del castigo arancelario.
Donald Trump, presidente de EE UU. / @realdonaldtrump.
Donald Trump, presidente de EE UU. / @realdonaldtrump.

La guerra comercial global que Donald Trump ha desencadenado —con su dosis habitual de bravuconería y simbolismo populista— ha tenido esta semana un inesperado momento de lucidez. En una maniobra poco publicitada, pero tremendamente reveladora, la Casa Blanca ha decidido excluir de los nuevos aranceles a móviles, chips, ordenadores y otros productos electrónicos fundamentales. Una excepción que, pese a lo contradictoria que pueda parecer, tiene todo el sentido del mundo.

Trump ha hecho de los aranceles una herramienta de intimidación diplomática y un símbolo de su cruzada contra la globalización. Su promesa de devolver la grandeza a Estados Unidos (aquella ya célebre Make America Great Again) pasa, en teoría, por castigar la dependencia exterior e impulsar la producción nacional. Pero con la industria tecnológica, la narrativa se tambalea. Fabricar un iPhone en suelo estadounidense no es una opción a corto ni medio plazo: los costes, la cadena de suministro y el propio ecosistema productivo hacen de esa idea un espejismo industrial.

Al excluir este tipo de productos, Trump reconoce —aunque sea a regañadientes— que hay sectores donde el proteccionismo no solo es ineficaz, sino suicida. Golpear los teléfonos móviles, por ejemplo, habría implicado duplicar su precio en el mercado estadounidense.

Además, las consecuencias económicas iban más allá del consumidor. Empresas como Apple habrían visto cómo su modelo de negocio se desmorona de la noche a la mañana. Y con él, una parte clave de la economía estadounidense. La bolsa ya había empezado a temblar, y el mensaje desde los mercados era claro: este rumbo lleva a la recesión.

Una “pausa técnica”

Trump, experto en girar sobre sí mismo sin reconocerlo, ha optado por una "pausa técnica" a su cruzada arancelaria. Asegura que esta exención es solo temporal, y que los aranceles podrían volver. Pero todos sabemos que, cuando se trata de tecnología, las amenazas pierden fuerza. Porque no se trata solo de consumo, sino de hegemonía. En ese sentido, excluir de los aranceles a la maquinaria que fábrica semiconductores también es un guiño a Taiwán —y un intento de asegurar inversiones estratégicas en suelo americano— en plena pugna por el liderazgo tecnológico global.

Lo cierto es que, pese a sus aspavientos ideológicos, Trump sabe leer el viento. Y esta vez, el viento soplaba en contra de su plan arancelario. Rectificar —aunque sea a medias— es, en este caso, una muestra de sensatez.

Eso sí, nadie debe relajarse. Esta tregua parcial no borra la incertidumbre. La arbitrariedad con la que se anuncian y cancelan los aranceles sigue alimentando un clima de desconfianza internacional. La "era Trump" se mueve al ritmo de impulsos, no de estrategias a largo plazo.

Pero al menos, por ahora, nuestros móviles seguirán costando lo mismo. Y eso, viniendo de Trump, ya es mucho decir. @mundiario

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