Trabajo estrecha la vigilancia sobre Amazon tras el anuncio del ERE para 1.200 empleados

El ERE de Amazon y la investigación sobre el uso de algoritmos reavivan la batalla por los derechos laborales digitales.
Instalaciones de Amazon. / RR. SS.
Instalaciones de Amazon. / RR. SS.

Cuando Amazon anunció la semana pasada que despediría a hasta 1.200 empleados de sus oficinas en España, muchos pensaron que se trataba de otro ajuste más en el sector tecnológico. Sin embargo, el eco de esa noticia ha resonado más allá de los números. Este jueves, el Ministerio de Trabajo y Yolanda Díaz respondían con un mensaje claro: la era de la impunidad tecnológica ha terminado.

La Inspección de Trabajo y Seguridad Social ha puesto en marcha una campaña específica para vigilar el uso de algoritmos en grandes empresas como Amazon, Uber o Cabify. El objetivo, en palabras de Díaz, es impedir que la automatización sirva como una herramienta de control o precarización encubierta. “Son compañías que se visten de modernidad, pero esconden prácticas del siglo XIX”, denunció la vicepresidenta segunda ante la Comisión de Trabajo del Congreso.

El mensaje es contundente y simbólico. Mientras Amazon alcanza máximos históricos en Bolsa y aumenta sus beneficios un 38%, el Gobierno refuerza la supervisión sobre los mecanismos invisibles que determinan turnos, despidos o productividad. Es un choque de paradigmas: la lógica del algoritmo frente al derecho al trabajo digno.

En ese contexto, la empresa asegura que el ajuste afectará solo a sus oficinas corporativas de Madrid y Barcelona, sin impacto en su red logística ni de reparto. Pero la cifra, un 4% de su plantilla en España, reabre un viejo debate: ¿puede una multinacional de tamaño colosal gestionar el empleo sin una mínima rendición de cuentas social?

Un nuevo frente en la era digital

La vigilancia sobre el “control algorítmico” no es un capricho político. Es el reflejo de una realidad en la que las decisiones laborales ya no siempre las toma una persona, sino una fórmula matemática. Desde la asignación de tareas hasta la evaluación del rendimiento, los algoritmos operan como jefes invisibles que no rinden cuentas, pero deciden el futuro de miles de trabajadores.

En este terreno, el “Estatuto del Trabajo del siglo XXI”, que el Ejecutivo de PSOE y Sumar promete impulsar, busca establecer reglas claras: transparencia, acceso a los criterios de decisión automatizada y garantías de equidad. En otras palabras, el gobierno de los algoritmos. No se trata solo de fiscalizar la tecnología, sino de recuperar el control humano sobre lo que la digitalización ha convertido en una caja negra.

Amazon, símbolo de una tensión global

El caso de Amazon en España no es una excepción. En Estados Unidos, Reino Unido o Alemania, la compañía ha enfrentado denuncias por condiciones de trabajo opacas y supervisión algorítmica que mide cada movimiento del empleado. El patrón se repite: hiperproductividad, despidos “automatizados” y poca transparencia.

Ahora, con el anuncio del ERE, la empresa vuelve a situarse en el centro del debate sobre el poder corporativo en la era digital. Mientras Díaz refuerza el discurso del empleo de calidad y el incremento del salario mínimo —que ya ha subido un 61% desde 2018—, el contraste con los gigantes tecnológicos es inevitable. El modelo de crecimiento basado en la eficiencia algorítmica se enfrenta al principio de dignidad laboral.

Un mensaje para todo el sector

Ahora bien, según recuerda EL PAÍS, la investigación no se limita a Amazon. Uber Eats está también bajo la lupa de la Inspección por mantener repartidores autónomos pese a la Ley Rider, y Glovo ya ha tenido que modificar su modelo tras una causa penal. Lo que antes parecía un conflicto aislado de las plataformas digitales se extiende ahora a todas las grandes tecnológicas que operan en España.

Yolanda Díaz lo ha dicho sin rodeos: “Vamos a vigilar el uso del control algorítmico”. La frase no solo tiene un valor político, sino también simbólico. Marca un punto de inflexión en la relación entre el trabajo humano y la inteligencia artificial, entre la eficiencia y la ética.

En el fondo, la cuestión que se plantea no es si Amazon puede despedir o si los algoritmos deben existir, sino cómo deben usarse. La automatización no puede ser una excusa para erosionar derechos, ni la inteligencia artificial una herramienta de opacidad empresarial. @mundiario

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