Suiza se pierde en la espiral de aranceles de Trump: una batalla desigual en la guerra comercial

El Consejo Federal suizo intenta revertir la conmoción que supuso el golpe arancelario de EE UU, que impuso gravámenes del 39% a productos clave como el chocolate, el oro, bienes de lujo o instrumentos de precisión.
Karin Keller-Sutter, presidenta de Suiza. / Consejo Europeo
Karin Keller-Sutter, presidenta de Suiza. / Consejo Europeo

La decisión de EE UU de imponer un arancel del 39 % a las exportaciones suizas ha dejado a la economía del país alpino en una posición vulnerable. Pese a meses de negociación, Berna no logró convencer a la Casa Blanca de reducir el gravamen, situando a Suiza en uno de los niveles más altos del mundo y revelando la dificultad de enfrentar la política comercial impredecible de Donald Trump.

La historia comenzó en abril, cuando Trump amenazó con imponer un 31% de arancel a las exportaciones suizas. Berna reaccionó rápido, enviando negociadores a Washington y alcanzando en julio un principio de acuerdo para reducirlo al 10 %. Sin embargo, la conversación final entre la presidenta suiza y ministra de Finanzas, Karin Keller-Sutter, y el mandatario estadounidense se torció. El resultado: el 1 de agosto, día de la fiesta nacional suiza, el país despertó con un arancel del 39 %, solo superado por Brasil, Laos, Myanmar y Siria.

La industria farmacéutica, los metales preciosos, la maquinaria de precisión, la relojería y productos emblemáticos como el chocolate suizo, el queso Gruyère o la navaja suiza están entre los más afectados. EE UU es el primer socio comercial de Suiza, absorbiendo el 18 % de sus exportaciones.

La industria relojera, con el 95 % de su producción destinada a la exportación y el 20 % de sus ventas en EE UU, también afronta un duro ajuste. Otros productos susceptibles a los aranceles son los bienes de lujo y de consumo, así como los cosméticos y de cuidado de la piel. Pero el sector que probablemente tenga mayor peso en este rompecabezas es, en realidad, la refinación del oro.

El déficit comercial como excusa política

Trump ha señalado el déficit comercial de EE UU con Suiza —38.500 millones de dólares en 2024— como una “pérdida directa” causada por el país europeo. Berna lo rechaza, recordando que el 99,3 % de los productos estadounidenses entran sin aranceles en Suiza y que las inversiones suizas en EE UU generan medio millón de empleos. Tampoco sirvió de mucho que Suiza sea uno de los 10 países que más invierte en EE UU, ni que sus filiales den empleo a medio millón de personas.

Sin embargo, la Casa Blanca insiste en que no tolerará lo que considera una relación “unilateral”. Uno de los motivos de esa impresión es que, según esgrimen desde Berna, Washington tomó en cuenta los miles de millones de dólares que transitan por Suiza anualmente en su cálculo de aranceles.

Anualmente se importan más de 2.000 toneladas de oro provenientes de todas partes del Sur Global (América Latina, África, Asia y Oceanía), provenientes de bancos de intermediarios que, tras pasar por las apenas cinco refinerías que existen en el país alpino, son reexportadas a otros lugares del mundo.

Opciones estratégicas para Suiza: más UE o más concesiones

Sin embargo, las refinerías suizas alegan que su efecto real en la economía suiza viene distorsionado por el enorme valor de los metales que procesan, en el mayor centro de refinación aurífera del mundo. Esa postura fue avalada por el Banco Nacional Suizo (BNS), que sostiene que las empresas solo registran una comisión por procesar el material, no de la mano de obra ni la industria.

El golpe ha abierto un debate interno: responder con medidas recíprocas o acercarse más a la Unión Europea. Aunque Suiza no es miembro de la UE, mantiene acuerdos bilaterales que le permiten acceso al mercado común. Bruselas ha aceptado un arancel del 15 %, lo que deja a Suiza en clara desventaja frente a competidores europeos y japoneses.

El enfrentamiento con Trump revela la fragilidad de las economías abiertas cuando dependen de un socio con un enfoque proteccionista y personalista. Suiza, pese a su fortaleza financiera e industrial, ha comprobado que en la guerra comercial global el tamaño y la capacidad de presión pesan más que la reputación o la calidad del producto. Negociar con Washington será posible, pero el precio de un acuerdo será ahora más alto. @mundiario

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