Los resultados de Abanca confirman los errores en la privatización de Novagalicia
Las declaraciones de Juan Carlos Escotet no consiguen justificar la urgencia de aquella operación que dejó 8.000 millones de euros de pérdidas para el Estado, opina este experto.
Las declaraciones de Juan Carlos Escotet no consiguen justificar la urgencia de aquella operación que dejó 8.000 millones de euros de pérdidas para el Estado, opina este experto.
Las cifras básicas resultan sobradamente conocidas. El Estado insufló en Novagalicia Banco un total de 9.052 millones de euros a través de distintas inyecciones de capital con lo cual el Fondo de Reestructuración y Ordenación Bancaria (FROB) se hacía con la propiedad de la Entidad financiera gallega. Aun cuando podría haber esperado hasta 2017, el gobierno (el Ministerio de Economía) decidió privatizar NCG a finales de 2013 mediante una subasta competitiva de la cual resultó vencedor el Grupo Banesco, que ofreció 1.003 millones de euros.
Pocos meses después de resolver el concurso, Novagalicia Banco pasó a denominarse Abanca. Y Abanca obtuvo un beneficio neto en su primer año de existencia de 1.157 millones de euros, de los cuales 601 corresponden a la propia actividad desarrollada y el resto a los llamados “créditos fiscales” que le servirán para minorar los pagos a Hacienda en los próximos ejercicios.
Conclusiones inmediatas
Las cifras anteriores ponen en evidencia algunas conclusiones que no dejan en buen lugar precisamente a las autoridades económicas del país. Lo primero es el enorme beneficio que para el Grupo Banesco va a suponer la operación. A nadie puede extrañar el apelativo de “pelotazo” que se le aplica con frecuencia. Pocas inversiones de este calibre en la historia de la economía contemporánea global habrán conseguido un payback de un año. También salta a la vista el escaso esfuerzo financiero requerido para adquirir una entidad del tamaño de Novagalicia Banco, con 56.000 millones de activos. De los 1.003 millones ofrecidos por Banesco, tan solo 400 fueron desembolsados en el momento de la adquisición. Para el resto, que ya se podrán financiar con los propios resultados generados por Abanca, se proponía un esquema de pagos extensible hasta 2018.
Sin embargo, la auténtica gravedad de la privatización de NCG no reside tanto en el volumen de beneficios generado para el grupo adquirente como en el quebranto evitable que ha supuesto para las arcas públicas. El Estado ha perdido más de 8.000 millones de euros, una cifra escandalosa que se aproxima, por ejemplo, al conjunto de recortes aplicados a la Sanidad en España. Teniendo en cuenta los resultados de 2014, es fácil calcular un valor actual para Abanca en torno a los 6.000 millones de euros. Así pues, se puede deducir que, si el Ministerio de Economía hubiese aguantado tan solo un año, se podría haber embolsado 5.000 millones más de los que recaudó.
Explicaciones de Escotet
En la entrevista que la periodista de V Televisión Fernanda Tabarés realizó al máximo dirigente de Abanca el lunes pasado, Juan Carlos Escotet intentó negar las acusaciones que se han vertido sobre la operación con argumentos de distinta naturaleza. Será interesante repasarlos.
El vicepresidente de Abanca rechazó el término “pelotazo” aduciendo que la oferta de Banesco había duplicado la segunda propuesta lo cual, en realidad, tan solo pone de manifiesto el grado de esperpento que se habría alcanzado en el supuesto de que Caixabanc hubiera adquirido NCG por 600 millones de euros.
Señaló además Escotet que el “pelotazo” no existe pues apenas tienen pensado distribuir dividendos este año. El razonamiento, sin embargo, tampoco parece aplicable: la inversión se ha recuperado aun cuando no se haya producido ningún reembolso. Cierto que el inversor no percibirá ningún importe mientras no se repartan dividendos o enajene parte del capital, pero la cuestión es que su patrimonio ya se ha revalorizado por encima de la cuantía comprometida.
Con la intención de seguir rechazando ese término peyorativo de “pelotazo”, Juan Carlos Escotet expuso, incluso de modo reiterado, que la adquisición se realizó con el dólar a 1,35 euros cuando el cambio actual es de 1,06. Bien, este argumento podría utilizarse si el Grupo Banesco no fuese a tener ninguna exposición al euro más allá del año 2013, que no es el caso. El efecto de la cotización de las divisas se verá en el momento en que el inversor liquide sus posiciones en euros pero mientras no sea así, la evolución del tipo de cambio incidirá de múltiples formas, no necesariamente desfavorables para los intereses de la matriz del Grupo.
Respecto al timing de la operación, se justificó sobre la base de la continua pérdida de negocio y valor por parte de la Entidad desde la fusión de las Cajas gallegas. Nuevamente estamos ante una razón sin utilidad. La pérdida de valor se produjo por dos circunstancias concretas: la falta de acierto de los respectivos equipos directivos y, sobre todo, la continua depreciación de los activos crediticios e inmobiliarios. El primero de estos factores se habría corregido con el cambio de dirigentes, tal como se hizo con Bankia. Y respecto a la depreciación de activos, ésta se detuvo una vez las cuentas se sanearon y la economía empezó a estabilizarse; nada que ver, por tanto, con la privatización. De hecho, en 2014 tuvo lugar una recuperación de provisiones y la realización de beneficios por la apreciación de la cartera de deuda.
Finalmente, Juan Carlos Escotet dejó caer que la operación resultó rentable para las arcas públicas pues el FROB había calculado una pérdida en caso de liquidación de 13.000 millones, y llegó a afirmar que el Estado en realidad ganó 5.000 millones de euros. Es sabido que la intención del Gobierno nunca fue liquidar Novagalicia y, de hecho, a la subasta concurrió un amplio grupo de entidades. Por otro lado, nadie ni nada impedía que NCG continuase siendo de titularidad pública tal como se mantiene Bankia aún hoy en día.