El regreso a la vida rural, una posible vía para la inclusión social

Dignidad y autosuficiencia en el campo frente a exclusión social en la ciudad. Es el tema que plantea este columnista en su nuevo artículo para MUNDIARIO.

Una casa rural. / Mundiario
Una casa rural. / Mundiario

Dignidad y autosuficiencia en el campo frente a exclusión social en la ciudad. Es el tema que plantea este columnista en su nuevo artículo para MUNDIARIO.

El despoblamiento del campo y la creciente bolsa de excluidos sociales, que tiende a hacerse crónica, son dos graves servidumbres a medio y largo plazo para el desarrollo económico y social de una gran parte del mundo y, en particular, de España. En algunas regiones españolas la situación adquiere, incluso, carácter dramático. Un reciente estudio demográfico sobre Galicia vaticinaba que, de mantenerse los parámetros actuales, en el año 2050 podría haber perdido en torno al millón de habitantes.

El regreso a la vida rural podría ser solución vital para un gran número de personas que malviven en las ciudades, que les permitiría vivir de forma digna y autosuficiente, frente a la alternativa de exclusión social en la ciudad.

Sería preciso un plan público que seleccionara las zonas de preferente colonización  y estableciera un régimen de ayudas para acondicionamiento de viviendas abandonadas, equipamiento de aperos, semillas, pequeños invernaderos, una pequeña granja y formación, como elementos fundamentales.

El segundo soporte de esta ¿utopía? podrían ser los bienes inmuebles en situación de abandono de la Iglesia, de las administraciones públicas e, incluso, de particulares. El tercer soporte estaría constituido por organizaciones humanitarias que hicieran la selección de las familias y tutelaran el acondicionamiento de las granjas y su funcionamiento posterior.

El destino de la producción sería el autoconsumo, objetivo básico de la idea; los excedentes, si los hubiera, podrían ser comercializados directamente por los granjeros o a través de cooperativas formadas por ellos mismos en el seno de las organizaciones humanitarias a las que me acabo de referir.

La selección adecuada de las zonas rurales en las que se instalaran  estas granjas, permitiría repoblar espacios de preferente interés y  servir de apoyo a la población envejecida que los habita.

Ganar el pan de cada día con el sudor del trabajo constituiría una sencilla satisfacción que permitiría mantener o recuperar su dignidad a  decenas de miles de seres humanos que han perdido –o están a pique de perder- la confianza en la sociedad a la que pertenecieron.

¿El regreso a la vida rural puede constituir una vía para la inclusión social?; aunque parezca  una utopía, merecería la pena intentarlo.

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