¿Harán los americanos con Trump lo que ya hicieron con Nixon?

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Donald Trump.

El republicano Donal Trump se presentó a las elecciones con un ceño fruncido, estilo tosco, bravucón, con un programa nacionalista basado en el cierre de fronteras y la desregulación legislativa.

¿Harán los americanos con Trump lo que ya hicieron con Nixon?

Donald Trump, presidente de EE UU, es un radical que parece no hacer caso a nadie. Quiere ganar siempre haciendo lo que él manda. Un hombre que se presenta como un mal jefe que no acepta discrepancias de sus empleados ni cambia su forma de actuar.

El republicano Donal Trump se presentó a las elecciones con un ceño fruncido, estilo tosco, bravucón, con un programa nacionalista basado en el cierre de fronteras y la desregulación legislativa.

Su programa está repleto de propuestas proteccionistas:

> Levantar un gran muro de 2.000 millas en la frontera con México. Dice que así se acaba con la emigración que les quita empleos a los americanos.

> Amenaza con aranceles elevados a las empresas americanas que produzcan fuera y quieran importar.

> Desprecia a los políticos de Washington; presume de no ser político.

> Desregular leyes contra el mercado, como la asistencia sanitaria, el Obamacare, o las leyes contra el cambio climático.

> Gastos de defensa (OTAN) repartidos con otros países.

Analistas políticos norteamericanos y europeos dijeron que no cumpliría con su programa populista; que al ser elegido se moderaría y que además sus secretarios de estado, el Congreso y el Senado harían de contrapoder al presidente y lo moderarían. Nada más alejado de la realidad, pensamos algunos, ya que tras ser elegido no ha cambiado. Su discurso de investidura fue más de lo mismo, un mensaje vacío, dieciséis minutos llenos de populismo, nacionalismo, rencor, que no ilusionó a casi nadie.

Los americanos lo han votado; los americanos tendrán que aguantarlo y sufrirlo, sobre todo los clases populares (“the people” como él dice). También dice que recupera el poder para el pueblo: “Devolveremos el poder de los políticos de Washington DC al pueblo”, que la gente controle al gobierno, “nunca volveremos a ser ignorados”. Algunos se preguntan cómo lo va hacer, cuando ha nombrado a buena parte de su familia para cargos. Trump explica que lo hará “poniendo el pueblo a trabajar” con empleo sólo para americanos, con fronteras, con proteccionismo que engendra riqueza por establecerse las empresas en América y con nacionalismo por superioridad sobre otros pueblos, con un fuerte ejército: “América, first”.

El objetivo es poner América otra vez fuerte. Su compañero es el pueblo, que también es la víctima por no tener nada. Trump es el enviado, el que va a solucionarlo. Recuperar la gloria perdida por los políticos de Washington, sin importar si dice la verdad, si tiene conocimientos. Si se le ataca, se vuelve fuerte. Su enemigo son los países extranjeros (emigrantes, terroristas, empresas, ejércitos, que han abusado se aprovechan de America), y los políticos de Washington DC. Practica un nacionalismo agresivo: “haremos a EEUU fuerte, rico, grande y que Dios bendiga a América”, “El pueblo elegido por Dios”.

Desde la Casa Blanca está firmando día tras día el inicio de su programa. Trump ha nombrado secretarios de estado ultraliberales sin preparación de gobierno para que cumplan su programa. Son incapaces de taparle la boca al bravucón de ideas viejas y perjudiciales, como poner barrera a los intercambios forma de terminar con los intereses americanos. Espera conseguir crecer con sus planes de infraestructura (autopistas, ferrocarriles), renovar zonas urbanas viejas o renovar fábricas que aumenten mucho el empleo de calidad.

Trump se reafirma nacionalista, xenófobo. La emigración termina con muro alto, cierre de fronteras. Crea agresividad y miedo. Todos deben tener el pensamiento único. Los aranceles, dice, defienden puestos de trabajo, autarquía.

¿Qué puede ocurrir a partir de ahora? A las empresas que invierten fuera las ha amenazado con el chantaje de aranceles altos. Pero al construir los coches en Detroit serán más caros, menos competitivos, y si prohíbe las importaciones de la UE (Alemania con sus Mercedes, BMW o Audi) Japón o China le responderán. “Nadie saldrá vencedor de una guerra comercial", ha dicho en Davos el presidente chino Xinping.

En EE UU puede hundirse la asistencia sanitaria a los más desfavorecidos. Puede estallar una guerra comercial con México, China o la UE. Puede empezar un problema militar con China por las islas artificiales. Y a pesar de ser amigo de Putin puede haber problemas militares. También puede estallar una crisis económica por la desregulación financiera.

El pueblo de EE UU está dividido. El mandato será problemático, puede chocar con la Cámara de Representantes y con el resto del mundo. Parece dispuesto a no respetar nada de la clase política del orbe. También está enfrentado con la prensa de su país. Su forma populista puede acabar con la forma de gobernar que repartió bienestar desde la gran depresión del 29. No obstante, Trump no puede cambiar los principios de la política ni de la economía. Podrá hacer daño al mundo, pero no lo parará. Trump terminará y los americanos lo enviarán al rincón del olvido, como ya hicieron con el presidente Richard Nixon.

¿Harán los americanos con Trump lo que ya hicieron con Nixon?
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