Ni burbuja ni crisis: lo que 2025 revela sobre el nuevo orden económico
2025 fue uno de esos años que, vistos en retrospectiva, parecen improbables. Demasiadas tensiones abiertas al mismo tiempo —guerra comercial, conflictos geopolíticos, cambio de ciclo monetario y una fiebre tecnológica que rozó la exuberancia irracional— como para que la economía global saliera razonablemente indemne. Y, sin embargo, así fue. El mundo avanzó con paso inseguro, pero sin caer; Europa aguantó mejor de lo previsto; y España, contra su propio historial de fragilidad, firmó uno de sus mejores ejercicios macroeconómicos recientes. No fue un año tranquilo, sino resistente. No fue brillante en todos los frentes, pero sí revelador de hacia dónde se dirige el nuevo orden económico.
Durante meses, el mercado vivió atrapado entre dos emociones opuestas: el miedo y la codicia. Miedo a que la inteligencia artificial fuera una burbuja de manual; codicia por no quedarse fuera del mayor rally tecnológico en décadas. Miedo a que el regreso de Donald Trump dinamitará el comercio global; codicia por aprovechar un ciclo bursátil que parecía no agotarse nunca. En ese vaivén emocional se escribieron algunas de las historias económicas más significativas del año.
La inteligencia artificial: euforia, vértigo y sospecha
La IA fue el gran catalizador emocional de 2025. Tras el susto inicial provocado por la irrupción de DeepSeek, el mercado entró en modo euforia. El Nasdaq se disparó un 60%, Nvidia alcanzó una capitalización inédita y las grandes tecnológicas se convirtieron en sinónimo de crecimiento infinito. Las rondas multimillonarias de OpenAI o SpaceX alimentaron la narrativa de una nueva revolución industrial.
Pero hacia el final del año llegó la resaca. Correcciones severas, dudas sobre la sostenibilidad de la deuda y un inquietante entramado de inversiones cruzadas devolvieron al vocabulario financiero una palabra incómoda: burbuja. 2025 no resolvió el debate sobre la IA; lo elevó. De promesa incuestionable pasó a fenómeno bajo vigilancia.
El Sabadell resiste y la banca recupera poder
La gran sorpresa corporativa del año tuvo acento catalán. Contra todo pronóstico, la opa hostil del BBVA sobre el Sabadell fracasó tras 17 meses de tensión. La negativa de los accionistas, especialmente los minoritarios, cerró un episodio que simbolizó algo más profundo: la recuperación de autoestima de la banca española tras años de ajustes y consolidación.
El Ibex 35 fue el gran beneficiado. Subió de 12.000 a 17.000 puntos en el mejor año de su historia, impulsado por un sector financiero que muchos daban por agotado. Paradójicamente, mientras Wall Street sufría los efectos de la guerra comercial y del desplome del dólar, la Bolsa española se convertía en refugio inesperado.
El BCE pisa el freno y cambia el tono
Si hubo una institución que marcó el ritmo del año, fue el Banco Central Europeo. Tras ocho bajadas consecutivas de tipos, Fráncfort decidió parar. La inflación estaba controlada y el riesgo ya no era el enfriamiento, sino el sobrecalentamiento. El mensaje fue claro: el dinero barato ya no es infinito.
Ese freno tuvo efectos inmediatos. El euríbor se estabilizó, las hipotecas dejaron de abaratarse y el mercado inmobiliario, lejos de enfriarse, aceleró. El BCE cerró el año con una sensación ambigua: había cumplido su mandato, pero había dejado abiertas nuevas tensiones.
España crece, pero no resuelve
El empleo fue el gran titular doméstico. Medio millón de nuevos trabajadores, récord turístico y un crecimiento que volvió a situar a España a la cabeza de Europa. Sin embargo, el país cerró 2025 sin Presupuestos, con la reforma de la jornada laboral tumbada y con una crisis de vivienda que ya no admite diagnósticos, sino decisiones.
2025 no fue el año de las certezas, sino el de las señales. Señales de que la IA lo cambia todo, pero no gratis. De que la banca ha vuelto a mandar. De que el BCE ya no empuja, sino que observa. Y de que España avanza, aunque todavía no sabe muy bien hacia dónde. @mundiario



