Nestlé despide a su CEO Laurent Freixe tras polémica relación laboral
Laurent Freixe no era un recién llegado a Nestlé. Tras casi cuatro décadas en la compañía, en las que ocupó cargos de gran relevancia en Europa y América Latina, se convirtió en consejero delegado en 2024. Apenas un año después, su trayectoria se interrumpe de manera abrupta por mantener en secreto una relación sentimental con una subordinada directa. El consejo de administración decidió cesarle de forma inmediata, argumentando que había vulnerado el código de conducta.
Aquí es donde empieza el debate. No se cuestiona su capacidad de gestión, ni sus logros al frente de las distintas regiones que dirigió. Lo que precipita su caída es una cuestión de ética interna: ¿puede un directivo con semejante poder mantener una relación con alguien bajo su mando sin poner en duda la igualdad de condiciones y la transparencia?
La delgada línea entre lo personal y lo profesional
La empresa justifica la medida como una cuestión de gobernanza. Y no les falta razón. En estructuras tan jerárquicas, el desequilibrio de poder es evidente. Aunque una relación pueda ser consensuada, la sombra de la coerción o del favoritismo planea siempre sobre estos vínculos. Esa es la razón por la que cada vez más compañías incluyen en sus códigos de conducta cláusulas estrictas sobre romances laborales.
Ahora bien, también conviene preguntarse si la sanción inmediata, sin una transición más ordenada, no responde también a la necesidad de mandar un mensaje contundente en un momento delicado para la firma, que en 2025 ha visto caer sus beneficios y su cotización. Un gesto que protege a la compañía tanto hacia dentro como hacia fuera, aunque a costa de sacrificar a uno de sus ejecutivos más experimentados.
Lecciones para el futuro
El relevo ya está en marcha con Philipp Navratil, otro hombre de la casa, que deberá pilotar la empresa en plena incertidumbre económica. Pero más allá de los nombres, la cuestión central es qué enseñanza deja este episodio. Lo primero, que la ética empresarial no es una etiqueta decorativa. Los códigos internos, cuando se aplican de verdad, tienen consecuencias muy reales, incluso para quienes parecían intocables.
Lo segundo, que las compañías deben ofrecer canales claros para que estas situaciones no se gestionen en la sombra. Un liderazgo responsable implica reconocer los posibles conflictos de interés antes de que se conviertan en escándalos. En última instancia, este caso refleja que el poder no blinda a nadie frente a las normas y que la transparencia, más que una exigencia moral, se ha convertido en un requisito indispensable para sostener la confianza de trabajadores, accionistas y consumidores. @mundiario