El auge del empleo desploma los ERTE: 31% menos en el primer semestre

La recuperación económica reduce los ERTE y muestra un nuevo pulso entre empresas y trabajadores.
Empleados en una oficina. / Pixabay.
Empleados en una oficina. / Pixabay.

España asiste a un fenómeno poco común en su mercado laboral: mientras la economía avanza a buen ritmo y el empleo crece, los expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE) se desploman. Entre enero y junio de 2025, apenas 38.350 trabajadores sufrieron estas suspensiones, un 31% menos que en el mismo periodo del año anterior. El contraste con los meses más duros de la pandemia y los desastres naturales recientes no solo refleja la fortaleza del mercado laboral, sino también un cambio cultural en la forma en que las empresas gestionan sus crisis internas.

La caída de los ERTE revela que las empresas ya no ven en los despidos temporales una medida automática ante dificultades económicas. Por el contrario, el buen momento del empleo, con un crecimiento del 2,7% en el segundo trimestre según la Encuesta de Población Activa (EPA), ofrece un colchón que permite negociar ajustes más flexibles y menos traumáticos para los trabajadores. En este contexto, los despidos colectivos (ERE) y las reducciones de jornada pierden peso, aunque no desaparecen.

Lo llamativo no es solo la caída en números absolutos, sino la evolución de la mentalidad empresarial. Tras el uso masivo de ERTE durante la pandemia, muchas compañías parecen haber comprendido que conservar talento y mantener la plantilla activa es, a largo plazo, más rentable que recurrir a despidos definitivos. Ejemplos recientes de sectores en crisis, como el automóvil y la alimentación, confirman esta tendencia: aunque se producen ERE, su magnitud se negocia y reduce mediante mediaciones sindicales, protegiendo a cientos de trabajadores de un desempleo directo.

ERTE frente a ERE: la opción preferida por las empresas

Los datos oficiales muestran que los ERTE siguen siendo el recurso más frecuente para ajustar plantilla: representan el 64% de los afectados por cualquier tipo de regulación de empleo. Los ERE, aunque minoritarios, han repuntado ligeramente, afectando a 18.540 trabajadores, un 2% más que en el primer semestre de 2024. La diferencia, sin embargo, no hace sombra al hecho de que la cultura empresarial ha cambiado: se prioriza la suspensión temporal antes que la extinción del contrato.

El caso de Bridgestone Hispania es ilustrativo: la compañía anunció un ERE inicial para 546 empleados, pero tras la mediación sindical, la cifra se redujo a 420. Algo similar ocurrió en Alcampo, que ajustó plantilla y cerró parte de su parque de tiendas, reduciendo los afectados de 25 a 16 locales y un total de 196 trabajadores. Estas decisiones muestran un mercado laboral en el que el diálogo y la negociación ganan peso frente a la imposición de recortes masivos.

El dinamismo del empleo como amortiguador social

El descenso en los afectados por ERTE no es solo un dato estadístico: tiene un efecto directo sobre la estabilidad social. Menos trabajadores suspendidos significa mayor seguridad económica, menor presión sobre prestaciones sociales y un clima laboral más estable. Las empresas, al optar por ajustes temporales y negociar recortes, contribuyen a mantener la confianza de sus plantillas y evitan un efecto dominó negativo sobre la economía.

El Gobierno ha señalado en varias ocasiones que la experiencia de la pandemia ha generado un aprendizaje profundo en las compañías españolas: se valora la flexibilidad y se prioriza la retención del talento frente a los despidos masivos. Sectores como la automoción, metalurgia y telecomunicaciones han mostrado que los ERTE permiten afrontar crisis puntuales sin sacrificar la continuidad del negocio ni la estabilidad del trabajador.

En definitiva, la caída del 31% en los ERTE en la primera mitad de 2025 no solo refleja un mercado laboral dinámico, sino un cambio de mentalidad que puede marcar la diferencia en futuras crisis. Empresas más flexibles y trabajadores protegidos generan un ciclo virtuoso donde el empleo deja de ser un riesgo y se convierte en un valor estratégico. La lección es clara: un mercado laboral fuerte no solo se mide por el crecimiento del empleo, sino también por la capacidad de las empresas de ajustar sus plantillas sin destruirlas. @mundiario

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