Montevideo es el paraíso de los remates… lugares donde corre la adrenalina
En los remates de Montevideo se puede comprar desde un hermoso cuadro de Tapies o una mansión embargada hasta una tabla de planchar o un viejo colchón.
Desde que vivo en Montevideo hay un lugar al que me he hecho adicto. No se trata del casino ni de las parrilladas de asados, sino de los remates: esos lugares donde los objetos usados cambian de mano al mejor postor, y en los que se subasta desde un cuadro de Tapies o una mansión embargada hasta una tabla de planchar o un viejo colchón. La casa donde nos mudamos Andrea y yo estaba vacía y no se nos ocurrió otra cosa mejor que llenarla de viejos muebles a golpes de martillo, por lo que todas las semanas acudimos a remates en busca de alguna ganga.
En España las subastas está relacionadas a objetos de lujo o de arte, pero no están muy arraigadas en la sociedad, exceptuando los nuevos clientes enganchados a Ebay. Pero los remates en Uruguay son toda una institución. No hay nadie que no los haya utilizado en algún momento de su vida, ya sea para deshacerse de los muebles de la difunta abuela o para rellenar su piso de soltero. Es un tema serio, se puede obtener el Título de Rematador Público en una carrera de dos años, y hasta existe un programa de televisión sobre remates, “¿Quién da más”, en el que informan semanalmente de las novedades, sobre todo de las suculentas pujas sobre propiedades inmobiliarias.
“No es lo mismo el precio que el valor de las cosas”. Me dijo un subastador en el último remate al que acudimos. Nosotros queríamos saber con cuánto dinero comenzaría la puja por una mesa, pero el rematador insistía en avisarnos de que el coste final vendría motivado por lo que los demás compradores estuvieran dispuestos a pagar. Mientras esperábamos a que llegase el número del lote para pujar, reflexioné sobre la relación entre el precio y el valor de las cosas. Porque si bien, cuando un producto sale al mercado se supone que los dos valores coinciden, la experiencia nos dice que eso no es así. Y si no, pensemos un poco en la variedad de oportunidades que la sociedad capitalista nos ofrece para comprar algo a diferente precio: las rebajas, los outlet, las tiendas de segunda mano, las subastas, internet... El precio de un producto está intrínsecamente relacionado con el tiempo que pasa entre su fabricación y su venta. Con las rebajas, al terminar las temporadas de invierno o verano, el precio baja considerablemente. ¿Cómo es posible que una misma prenda se venda por un 50 % menos? ¿Era tanto el margen de beneficio del vendedor? El tiempo sigue pasando y las ventas de objetos fuera de temporada se continúan en los Outlet y las tiendas de Oportunidades, donde el precio vuelve a bajar.
Las cosas que ya han sido compradas también tienen una nueva vida gracias a las tiendas de segunda mano y las subastas o remates. En estos establecimientos se ofertan objetos que ya han amortizado su costo, por lo que se permiten ofrecer precios muy reducidos. Y la paradoja se produce con los bienes que adquieren más valor con el tiempo, como las obras de arte, que duplican su precio cuando muere el artista, y las pertenencias de los famosos, que se convierten en preciados objetos de coleccionista.
El lote deseado
Escucho tranquilo la voz del rematador como un mantra, una retahíla de números y precios que suben ante las pujas de los asistentes. Se acerca el lote deseado y la adrenalina comienza a movilizarse. Andrea y yo nos miramos y repartimos los roles.
La mesa sale a remate por 1.500 pesos y ella es la primera en levantar su mano. Se alzan algunas manos más y el precio comienza a subir. Nosotros nos pusimos el límite en 5.000 pesos, pero el precio continúa aumentando poco a poco hasta sobrepasarlo. Hay un francés que también desea nuestra mesa, y levanta su mano cada vez que mi pareja mueve la suya. Ya sólo quedan los dos en la subasta. Ella, que hace tiempo dejó de mirarme buscando aprobación para la puja, alza su brazo y escucho que el rematador canta 9.500 pesos, el doble de lo que estábamos dispuestos a pagar. El ambiente competitivo de los remates juega estas malas pasadas. Entonces el francés hace un gesto y sube la oferta a 10.000 pesos. Se hace el silencio en la sala. La audiencia sigue el duelo con morbo. Entonces Andrea se queda quieta. Parece que al llegar a una cifra redonda ha sido consciente del precio. El rematador le tienta llamándola por su nombre. Ha comprado varias cosas y ya se lo ha aprendido. Pero ella permanece inmóvil, asumiendo su derrota.
Antes del remate no conocíamos el precio de la mesa, pero nosotros la habíamos valorado por la mitad. Al tiempo que el martillo golpea la mesa cerrando el trato, Andrea pasa junto al francés, le toca el hombro en señal de saludo, y salimos del remate en silencio. ¿Cuál era el valor de la mesa? Da igual, pero su precio fue el que el francés estuvo dispuesto a pagar.