El monopolio digital: Google bajo fuego cruzado entre Washington y Bruselas

La reciente condena a Google por prácticas monopolísticas en EE. UU. ha resonado con fuerza en Bruselas, donde la Comisión Europea ya tenía en la mira al gigante tecnológico.
Logo de Google. / RR. SS.
Logo de Google. / RR SS.

Cuando una jueza estadounidense declara culpable a Google de operar un doble monopolio ilegal en el mercado de la publicidad digital, las ondas expansivas llegan inevitablemente a Bruselas. No es para menos: la Comisión Europea lleva desde 2021 investigando una conducta sospechosamente similar. Y ahora, con una resolución firme en el otro lado del Atlántico, el caso europeo adquiere una nueva dimensión.

La decisión judicial en Estados Unidos no solo da la razón a quienes llevan años denunciando los abusos del buscador omnipresente; también da alas a las aspiraciones europeas de corregir un mercado digital asfixiado por la hegemonía de unos pocos. Bruselas ya avisó en 2023: solo una desinversión obligatoria —una partición, en otras palabras— podrá restaurar la competencia en el ecosistema publicitario. Sin embargo, desde entonces reina el silencio. Ni confirmación ni desmentido. Solo una larga espera en la que se acumulan presiones diplomáticas, intereses corporativos y una creciente inquietud social por el poder sin control de las big tech.

La resolución estadounidense ha reforzado la posición europea, aunque también la ha complicado políticamente. Desde Washington, el entorno de Donald Trump insiste en acusar a la UE de actuar con mala fe contra las empresas norteamericanas. Pero basta leer los documentos judiciales para entender que no se trata de una cuestión de geopolítica, sino de justicia económica.

Google no solo ha vinculado ilegalmente sus servicios de anuncios; también ha favorecido sus propias plataformas de pujas, limitando de forma artificial la competencia. La Comisión Europea ha documentado con detalle cómo el buscador ha distorsionado el mercado desde al menos 2014.

Expedientes abiertos

Bruselas no está sola. Amazon, Apple, Meta y Microsoft también tienen expedientes abiertos. Y si algo demuestra la cooperación entre las autoridades de competencia de ambos lados del Atlántico es que el problema no es anecdótico, ni fruto de un malentendido. Estamos ante un modelo de negocio estructurado para dominar y excluir. La publicidad digital no es solo una fuente de ingresos: es el motor que financia y refuerza el monopolio de atención, datos y poder.

Por eso, la tibieza de la Comisión desde su contundente diagnóstico en junio de 2023 resulta desconcertante. El caso está ahora en manos de Teresa Ribera, nueva responsable de Competencia, y aunque no hay aún una fecha para el fallo definitivo, el tiempo apremia. Cada día que pasa sin una decisión firme consolida la posición dominante de Google y debilita la credibilidad europea en la defensa de sus propios principios.

Europa tiene la oportunidad de marcar un precedente histórico. No se trata solo de sancionar a una empresa concreta, sino de trazar una línea roja que proteja la competencia, los derechos de los usuarios y la soberanía tecnológica del continente. Si Bruselas opta finalmente por la partición de Google, no será una vendetta, sino un acto de justicia. Y si no lo hace, solo estará dando la razón a quienes creen que el poder económico digital ya ha rebasado el control democrático. @mundiario

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