Mercosur ratifica el acuerdo con la UE tras el voto de Paraguay: un pacto histórico pendiente del aval europeo

La aprobación del acuerdo comercial ha quedado completada por parte del bloque sudamericano tras el respaldo del Parlamento paraguayo, y desplaza el foco ahora a Europa, donde la ratificación y aplicación provisional del pacto definirán su alcance.
António Costa, presidente del Consejo Europeo; Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea y Santiago Peña, presidente de Paraguay. / Consejo Europeo
António Costa, presidente del Consejo Europeo; Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea y Santiago Peña, presidente de Paraguay. / Consejo Europeo

La ratificación del acuerdo entre Mercosur y la Unión Europea ha alcanzado un punto de inflexión con la decisión del Parlamento de Paraguay. Con este paso, los cuatro países fundadores del bloque sudamericano —Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay— han completado su aval institucional a un tratado que promete redefinir las relaciones comerciales entre ambas regiones.

El proceso, iniciado hace más de dos décadas, simboliza tanto la persistencia diplomática como la necesidad geopolítica de reforzar alianzas en un contexto internacional cada vez más fragmentado, después de que el presidente de EE UU, Donald Trump, lanzara el año pasado una guerra comercial contra el mundo.

El tratado, que prevé la eliminación de más del 90 % de los aranceles, se presenta como una respuesta a las tensiones comerciales globales y al giro proteccionista observado en distintos actores internacionales. En este escenario, líderes como el presidente paraguayo Santiago Peña han defendido el pacto como una decisión estratégica para consolidar un eje económico basado en el libre comercio y valores compartidos.

La lectura geopolítica se basa en que tanto Mercosur como la UE buscan reforzar su posición en un mundo donde las cadenas de suministro, la seguridad energética y el acceso a mercados se han convertido en elementos clave de poder.

Europa, el verdadero campo de batalla

Para países como Paraguay, el acuerdo abre la puerta a un mercado de más de 400 millones de consumidores con alto poder adquisitivo. Sectores como la carne, el azúcar o los biocombustibles se perfilan como los principales beneficiarios, aunque con matices importantes.

Las cuotas de exportación y las condiciones negociadas limitan el impacto para América Latina. Por ejemplo, el acceso de la carne vacuna sudamericana al mercado europeo estará sujeto a volúmenes específicos, lo que reduce el potencial expansivo del acuerdo a corto plazo. Al mismo tiempo, la reducción de barreras comerciales puede facilitar la llegada de tecnología, maquinaria y conocimiento europeo, impulsando la modernización productiva en América del Sur. Este intercambio, más que el volumen de exportaciones, podría convertirse en uno de los efectos más duraderos del pacto.

Si en Mercosur el acuerdo ya es una realidad política, en Europa aún enfrenta importantes obstáculos. La Comisión Europea ha iniciado los pasos para su aplicación provisional, pero el tratado deberá superar el escrutinio institucional y político en varios países miembros.

El principal foco de resistencia proviene del sector agroalimentario europeo, que teme una competencia desigual debido a diferencias en estándares sanitarios, ambientales y de producción. Estas preocupaciones han derivado en protestas y presiones políticas que podrían ralentizar o condicionar la implementación del acuerdo. Las salvaguardas introducidas por la UE buscan mitigar estas tensiones, pero también han generado críticas en Mercosur, donde se perciben como concesiones que limitan los beneficios del tratado. @mundiario

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