Las memorias de Carlos Solchaga dan testimonio del proceso de modernización de España

Carlos Solchaga. / Tiempo
Carlos Solchaga. / Tiempo

En relación con el actual retroceso del Estado de Bienestar, además de endosar la responsabilidad correspondiente al actual Gobierno y a la crisis, subraya otro factor: la menor presión social, ante la sanidad o la educación.

Las memorias de Carlos Solchaga dan testimonio del proceso de modernización de España

En España las Memorias de políticos no son habituales. Carlos Solchaga, uno de los ministros más relevantes de los Gobiernos de Felipe González, como titular de Industria entre 1982-1985 y luego de Economía y Hacienda (1985 hasta 1993) acaba de publicar un extenso volumen que recoge con bastante detalle su gestión. Aunque las subtitula como Diarios, la obra es mucho más, al  intercalar análisis de situación en muchos momentos, reflexiones de política general,  asuntos despachados con el Presidente del Gobierno o cartas a él enviadas.

Si bien el autor sólo escribe de los asuntos en los que participó directamente,  otras políticas de la época quedan indirectamente reflejadas al tener repercusión en los debates presupuestarios. No se entretiene en contar demasiadas anécdotas, que las hay, ni en caracterizar a los personajes, abundantes. Éstos sobre todo aparecen retratados por sus obras, por sus actuaciones o tomas de posición. Es el lector quien va descubriendo en la obra el papel de cada personaje.

Solchaga fue capaz de diseñar una política industrial por primera vez en la historia española y posteriormente logró mantener el rumbo de la economía, adaptarla a la Unión Europea y sostener el fuerte crecimiento del gasto público, en infraestructuras y en bienestar, durante esos años que vistos desde la distancia parecen prodigiosos. El autor narra la herencia recibida en 1982: déficit desbocado con gran parte de los sectores industriales al borde de la bancarrota. La reconversión industrial produjo las primeras tensiones con los sindicatos, abriendo un foso progresivo que  culminaría en 1988 con la primera huelga general y la ruptura definitiva entre UGT y PSOE. Un hecho que, transcurrido el tiempo,  ha resultado  beneficioso para ambas partes, al liberarlas de un modelo de dependencia mutua propio de épocas pasadas.

También le cupo al autor participar de los grandes éxitos. La entrada en la Unión Europea, la financiación autonómica, la reforma del IRPF y una extensa legislación para acomodarnos a las economías de nuestro entorno, llevan su sello y han contribuido decisivamente a la modernización de España. En relación con el actual retroceso del Estado de Bienestar, además de endosar la responsabilidad correspondiente al actual Gobierno y a la crisis, subraya otro factor: la menor presión social, ante la sanidad o la educación.

Por otra parte el libro da cuenta de las tensiones con su propia organización, el Partido Socialista. Carlos Solchaga pese a su larga trayectoria en el mismo, desde el franquismo, fue casi constantemente relegado por los órganos directivos, hasta culminar en un sonoro enfrentamiento en 1990, cuando acusó al grupo dominante de bunkerización, lo que provocó un enorme escándalo dentro y fuera de la organización, por más que el contexto de esa acusación estuviese meridianamente claro. Cabe recordar que a Solchaga como a otros pocos ministros, como Boyer, se les acusaba de "liberales", frente a una mayoría de dirigentes que se reputaban de estar "más a la izquierda". Una tensión por otra parte clásica desde que Largo Caballero e Indalecio Prieto defendieron esas mismas posiciones durante  la Segunda República.

La obra, extensa, da testimonio del proceso de modernización de España desde una atalaya privilegiada como fue la conducción de la política económica y en unas circunstancias irrepetibles, cuando el Ministro de Hacienda llegó a acumular vastas competencias que hoy han sido redistribuidas, como la política monetaria, o la política comercial. @mundiario

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