Málaga se acerca a su límite: cómo el turismo está poniendo a prueba su futuro
Málaga, que hace dos décadas comenzó una transformación vertiginosa para posicionarse como uno de los destinos turísticos más codiciados de Europa, ha alcanzado un punto de inflexión. El Ayuntamiento, gobernado por el PP, ha reconocido oficialmente que la ciudad se encuentra al borde de la saturación turística. Un informe municipal advierte de que la presión del turismo ha alcanzado niveles sin precedentes, lo que está afectando tanto a la calidad de vida de los residentes como a la experiencia de los turistas.
A pesar de las explicaciones del alcalde, Francisco de la Torre, quien asegura que la saturación se produce solo en "ciertos días" y no de forma permanente, el documento revela la gravedad de una situación que expertos y vecinos llevan denunciando durante años: el riesgo de que Málaga "muera de éxito".
El proceso de transformación de la ciudad comenzó con la peatonalización del casco histórico y el renacimiento de sus espacios culturales más emblemáticos, como el Museo Picasso, el Carmen Thyssen, y más recientemente el Centre Pompidou Málaga. A esto se sumó la revitalización de la gastronomía y el aumento de la oferta hotelera. A partir de 2016, el auge de los pisos turísticos multiplicó la llegada de visitantes, y los números no tardaron en dispararse: 1,4 millones de turistas en 2019, tres veces la población de la ciudad.
Sin embargo, el crecimiento acelerado ha generado efectos colaterales que el informe no duda en señalar: "la expulsión de negocios autóctonos" y el reemplazo por tiendas de souvenirs y franquicias, la proliferación de alojamientos ilegales y de baja calidad, y la desaparición del comercio tradicional en el casco histórico. Para Carlos Carrera, presidente de la Asociación de Vecinos Centro Antiguo de Málaga, la situación es insostenible: "Parece que te están echando", lamenta.
La expansión de los pisos turísticos
El problema no es nuevo. Ya desde 2005, el Observatorio de Medio Ambiente Urbano (OMAU) alertaba sobre las "tensiones" que generaba el turismo masivo en el centro histórico. A pesar de ello, no fue hasta 2024 cuando el Ayuntamiento comenzó a tomar medidas más contundentes, tras las masivas manifestaciones contra el modelo de ciudad que ha predominado en los últimos años. En respuesta, se ha decidido frenar la expansión de los pisos turísticos en áreas de alta concentración y limitar las nuevas licencias.
El nuevo plan de "descongestión" busca diversificar los flujos turísticos mediante la creación de siete rutas alternativas que distribuyan a los visitantes más allá del casco histórico. Sin embargo, la implementación de estas rutas ha generado dudas. Tres de ellas proponen barrios cercanos, como La Malagueta y el Soho, zonas ya afectadas por la gentrificación, mientras que otras se alejan más, hacia áreas como Pedregalejo y El Palo. Algunos residentes ya han expresado su preocupación por el impacto que el turismo podría tener en estos lugares.
Pedro Marín Cots, experto en urbanismo, asegura que el daño a la estructura del centro histórico y a los residentes que han tenido que abandonar sus hogares es "casi irreparable". A pesar de las buenas intenciones de las autoridades, como el fomento de hoteles de cinco estrellas y nuevas infraestructuras culturales, la clave radica en una gestión efectiva de los flujos turísticos. "Si no se gestionan bien, los nuevos lugares también sufrirán el mismo destino", advierte Enrique Navarro, director del Instituto Universitario de Investigación en Inteligencia e Innovación Turística de la Universidad de Málaga.
En definitiva, la ciudad se enfrenta a un dilema: ¿cómo mantener el equilibrio entre el éxito turístico y la calidad de vida de los malagueños? El futuro de Málaga como destino de referencia dependerá de las decisiones que tome ahora para evitar que su éxito termine siendo su propia perdición. @mundiario



