La fórmula de los aranceles de Trump: ¿una estrategia justa o un cálculo arbitrario?

El presidente de EE UU impone gravámenes con un método simplificado basado en el déficit comercial y que omite factores clave del comercio internacional.

Donald Trump, presidente de EE UU. / @POTUS.
Donald Trump, presidente de EE UU. / @POTUS.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha defendido la aplicación de aranceles "recíprocos" como una estrategia para corregir el déficit comercial del país. Según su Administración, estos impuestos sobre las importaciones se han calculado con el uso de una fórmula matemática compleja. Sin embargo, los expertos señalan que la metodología utilizada es más simple de lo que se ha presentado, y que no toma en cuenta elementos fundamentales del comercio internacional.

Trump aseguró que su cálculo es un "reflejo justo" de las condiciones comerciales entre Estados Unidos y sus socios, pero en la práctica solo considera dos variables: el déficit comercial y el valor total de las importaciones. En lugar de aplicar un análisis integral de las barreras comerciales, subsidios y regulaciones, el Gobierno estadounidense simplemente divide el déficit comercial entre las importaciones y toma la mitad del resultado como el porcentaje de arancel a imponer.

El cálculo que Trump ha presentado como una ecuación sofisticada se reduce a una operación aritmética básica: se toma el déficit comercial de Estados Unidos con un país determinado, se divide ese déficit por el valor total de las importaciones provenientes de ese país, el resultado se expresa en porcentaje y, finalmente, ese porcentaje se divide entre dos para obtener la tasa arancelaria final.

Por ejemplo, si Estados Unidos tiene un déficit comercial de 300.000 millones de dólares con un país y las importaciones desde ese país suman 600.000 millones de dólares, la división de ambas cifras da como resultado 0,50, lo que equivale al 50 %. Según la metodología de Trump, la tasa arancelaria aplicada sería la mitad de ese porcentaje, es decir, 25 %.

En el caso de la Unión Europea, el cálculo resultó en un 39 %, y al dividirlo entre dos, la Administración Trump redondeó la tasa arancelaria final al 20 %. Para China, la cifra original fue 67 %, lo que llevó a la imposición de un arancel del 34 %.

Este enfoque ha sido fuertemente criticado por diversos economistas, ya que simplifica excesivamente la realidad del comercio internacional y no toma en cuenta otros factores que afectan la competitividad y los flujos comerciales entre países.

Las omisiones del método: factores ignorados en la ecuación

Aunque la Administración Trump aseguró que su fórmula consideraba múltiples aspectos del comercio global, la realidad es que factores clave quedaron fuera del cálculo. Entre ellos se encuentran los aranceles impuestos por los socios comerciales, ya que no se comparan las tarifas aduaneras reales aplicadas por otros países a los productos estadounidenses.

También se excluyen las barreras no arancelarias, que incluyen regulaciones, subsidios y normativas que pueden limitar la competencia de productos extranjeros. Además, no se toman en cuenta los impuestos nacionales, como el IVA en la UE, que Trump afirmó que actúa como una barrera comercial injusta, pero no lo incorporó en su ecuación. Por último, las diferencias en costos de producción y tipo de cambio, así como las medidas proteccionistas preexistentes, tampoco fueron evaluadas.

Al no incluir estos elementos, los aranceles aplicados no reflejan las verdaderas condiciones del comercio global y, en algunos casos, pueden generar tensiones innecesarias con los socios comerciales de EE UU.

México y Canadá: excepciones políticas a la regla arancelaria

Mientras que la UE y China enfrentan aranceles elevados, México y Canadá han recibido un tratamiento distinto debido a consideraciones políticas.

En el caso de México, el déficit comercial de Estados Unidos habría justificado, bajo la fórmula de Trump, la aplicación de un arancel del 17 %. Sin embargo, el Gobierno decidió establecer una tarifa del 25 %, citando preocupaciones sobre el tráfico de fentanilo y la crisis migratoria. En el futuro, se ha sugerido que esta tasa podría reducirse al 12%.

Canadá, por su parte, ha sido excluida de la metodología estándar, en parte debido a su participación en el T-MEC (Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá). Sin embargo, el país sigue sujeto a posibles revisiones arancelarias.

Además, a los países con los que Estados Unidos tiene un superávit comercial o un déficit reducido, se les ha impuesto un arancel base del 10%, sin seguir la fórmula establecida.

Trump defiende su política de "reciprocidad amable"

A pesar de las críticas, Trump ha seguido defendiendo su enfoque con un discurso basado en la simplicidad y el proteccionismo económico, afirmando en su intervención sobre los aranceles: "Lo que ellos nos hacen a nosotros, nosotros se lo hacemos a ellos. Más sencillo, imposible." 

Además, explicó que su política no busca igualar los aranceles existentes, sino imponer solo la mitad de lo que, según él, EE UU debería exigir. "Podríamos haber cobrado el 100 %, pero somos amables. Solo les cobramos la mitad."

Finalmente, Trump ofreció una solución para los países que se sientan perjudicados por estos aranceles."Si no quieren pagar estos impuestos, que construyan sus productos aquí en Estados Unidos."

El método de cálculo de los aranceles de Trump plantea serias dudas sobre su equidad y efectividad, ya que se basa en una aproximación simplificada que ignora factores clave como las barreras no arancelarias y los costos de producción, mientras que las excepciones a ciertos países sugieren que los aranceles se aplican con fines políticos más que como una estrategia económica real; además, el argumento de reciprocidad resulta engañoso, ya que las tarifas impuestas no reflejan las políticas comerciales reales de otros países. @mundiario

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