Elon Musk va a juicio por el desplome de las acciones de Twitter antes de su compra
En un tribunal federal del Distrito Norte de California, en San Francisco, el empresario Elon Musk enfrenta una demanda colectiva presentada por accionistas de Twitter —hoy conocida como X— que vendieron sus títulos entre mayo y octubre de 2022. Alegan que Musk realizó declaraciones “falsas y engañosas” con el objetivo de hundir el precio de la acción antes de completar la compra por 44.000 millones de dólares.
El origen del litigio se remonta a abril de 2022, cuando Musk acordó adquirir la red social por 54,20 dólares por acción. Sin embargo, pocas semanas después, el 13 de mayo, publicó en la plataforma que el acuerdo quedaba “temporalmente en suspenso” hasta verificar el porcentaje de cuentas falsas o ‘bots’ dentro de la plataforma.
Unos días después, tuiteó que la operación “no podía seguir adelante” y afirmó que casi un 20% de las cuentas de Twitter eran “falsas”.
La reacción del mercado fue inmediata: las acciones cayeron cerca de un 10% ese día y mantuvieron una fuerte volatilidad en los meses siguientes. Los demandantes sostienen que esa declaración no tenía sustento contractual, ya que el acuerdo de fusión no contemplaba esa posibilidad y Musk había renunciado al proceso formal de debida diligencia.
Musk firmó un acuerdo de fusión vinculante donde, para acelerar la compra, renunció a realizar una revisión exhaustiva (debida diligencia) de los libros de la empresa, lo que legalmente debilita su argumento sobre los bots.
Durante el juicio, el empresario sudafricano defendió que simplemente expresó sus preocupaciones genuinas sobre la magnitud de cuentas automatizadas en la plataforma y negó haber intentado manipular el mercado. Aseguró que sus mensajes en redes sociales no siempre producen el efecto esperado sobre las cotizaciones y calificó al mercado bursátil de “impredecible”.
La acusación, en cambio, argumenta que sus intervenciones públicas formaron parte de una estrategia para presionar a la junta directiva y renegociar el precio a la baja.
El elemento jurídico central es demostrar la intencionalidad. Para que prospere la demanda por violación de las leyes federales de valores, los accionistas deben probar que Musk sabía que sus declaraciones eran falsas o engañosas y que actuó con el propósito de influir en el precio. Esa carga probatoria es elevada. De hecho, en 2023 el empresario fue absuelto en otro juicio en San Francisco relacionado con sus tuits sobre la posible retirada de Tesla de bolsa en 2018.
El contexto empresarial también es relevante. Tras meses de disputas legales, Twitter demandó a Musk para obligarlo a cumplir el acuerdo original. Finalmente, en octubre de 2022, el empresario cerró la compra en los términos pactados inicialmente. Desde entonces, reestructuró profundamente la compañía, redujo plantilla, modificó políticas de moderación y cambió la marca a X. Más tarde integró el negocio en su conglomerado tecnológico, que incluye SpaceX y la firma de inteligencia artificial xAI.
Si el jurado falla a favor de los accionistas, Musk podría enfrentarse a indemnizaciones millonarias por las pérdidas alegadas. Además, el veredicto podría influir en otros procesos abiertos, incluido uno impulsado por la Comisión de Bolsa y Valores (SEC) sobre la divulgación tardía de su participación accionarial en Twitter antes de lanzar la oferta pública.
Más allá de la responsabilidad individual, el juicio plantea una cuestión estructural: hasta qué punto los mensajes en redes sociales de un ejecutivo con millones de seguidores pueden considerarse información material capaz de alterar el mercado. En una era en la que la comunicación corporativa se mezcla con opiniones personales en plataformas digitales, el caso Musk se convierte en un test jurídico sobre los límites entre libertad de expresión empresarial y deber fiduciario frente a los inversores.
El proceso, que se espera dure varias semanas, determinará si las declaraciones sobre los ‘bots’ fueron una advertencia legítima o una maniobra estratégica con impacto bursátil. La decisión del jurado no solo afectará al empresario más rico del mundo, sino que podría redefinir el estándar de responsabilidad para líderes empresariales que utilizan las redes sociales como herramienta directa de comunicación con los mercados. @mundiario


