EE UU y los países más pobres: ¿tiene sentido aplicar aranceles recíprocos?
En un contexto global marcado por la inflación, la inestabilidad comercial y los desequilibrios de poder, la decisión del Gobierno de Estados Unidos de aplicar aranceles recíprocos a 57 países ha reavivado el debate sobre la equidad y eficacia de su política comercial. Aunque la Administración del presidente Donald Trump ha pausado temporalmente estas tarifas durante 90 días (salvo en el caso de China), la medida ha generado preocupación internacional, especialmente entre los países más pobres y vulnerables que figuran en la lista.
La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) ha instado a Washington a eximir a las economías más pequeñas y frágiles del mundo de estos aranceles, ya que su impacto sería desproporcionado. Según el organismo, muchas de estas naciones apenas representan una fracción mínima del déficit comercial estadounidense que Trump justifica para imponer sus gravámenes y, sin embargo, enfrentan tarifas de hasta el 50 %, como es el caso de Lesoto.
El argumento central de la UNCTAD es económico y racional: la aplicación de estos aranceles apenas generaría ingresos adicionales para EE UU, pero sí podría provocar una reducción significativa en las exportaciones de países que dependen casi exclusivamente del comercio exterior para sostener sus economías. Para 36 de los 57 países afectados, los ingresos estimados que recibiría el Tesoro estadounidense representarían menos del 1 % de la recaudación arancelaria total.
Por ejemplo, Laos enfrentaría un arancel del 48 %, Myanmar del 45 %, y la isla de Mauricio del 40 %, pese a que sus exportaciones no suponen ni siquiera el 0,1 % del comercio bilateral con Estados Unidos. En ese contexto, la imposición de tarifas podría parecer más un acto simbólico de fuerza comercial que una estrategia efectiva de protección o recaudación.
Productos sin sustituto y riesgo para el consumidor
Muchos de estos países exportan productos agrícolas que no tienen sustitutos viables dentro del mercado estadounidense. Tal es el caso de la vainilla de Madagascar (cuyas importaciones alcanzaron los 150 millones de dólares en 2024) o el cacao de Costa de Marfil y Ghana, que sumaron cerca de mil millones de dólares en compras por parte de Estados Unidos.
Aumentar los aranceles sobre estos bienes no solo amenaza la economía de origen, sino también impacta directamente en los precios para los consumidores estadounidenses. Según la UNCTAD, el encarecimiento de estos productos esenciales podría trasladarse fácilmente a los mercados minoristas, lo que contribuiría a una inflación ya de por sí elevada en ciertos sectores.
La actual pausa de 90 días decretada por la Casa Blanca abre una ventana de oportunidad para revaluar la política arancelaria hacia los países más pobres. La reciprocidad tarifaria, aplicada de forma mecánica, corre el riesgo de pasar por alto las asimetrías estructurales del comercio global. Imponer las mismas reglas del juego a actores que claramente no juegan con las mismas condiciones puede generar más perjuicios que beneficios, tanto económicos como diplomáticos.
Además, desde una perspectiva estratégica, la imposición de aranceles a aliados comerciales pequeños (con escasa capacidad de respuesta) puede debilitar las relaciones internacionales y abrir espacio a otras potencias, como China, para ganar influencia en regiones claves de África y Asia.
Una política comercial eficaz no debería medirse únicamente en función de su dureza, sino en su capacidad de adaptarse a las realidades globales y fomentar relaciones económicas mutuamente beneficiosas. En este sentido, eximir a los países más pobres de estos aranceles sería una medida pragmática, con un impacto fiscal prácticamente nulo para EE.UU., pero con efectos positivos significativos para economías vulnerables.
La historia ha demostrado que el comercio puede ser una herramienta poderosa para el desarrollo. No obstante, si se convierte en un arma de presión sobre los más débiles, corre el riesgo de volverse contraproducente. @mundiario