La economía española mantiene el tipo pese a la desaceleración del PIB
La economía española ha vuelto a demostrar su capacidad de resistencia en medio de un escenario global adverso. Según el dato adelantado del Instituto Nacional de Estadística (INE), el Producto Interior Bruto (PIB) creció un 0,6% entre julio y septiembre, lo que supone una leve moderación respecto al 0,8% del trimestre anterior. En términos interanuales, la expansión se situó en el 2,8%, confirmando que el país continúa entre las economías más dinámicas de la zona euro.
El dato evidencia una desaceleración controlada más que un frenazo. El motor de la economía sigue siendo la demanda interna, impulsada por el consumo y la inversión, mientras que el sector exterior se consolida como el principal lastre, afectado por la caída de las exportaciones y el deterioro del comercio mundial.
El consumo de los hogares aumentó un 1,2%, respaldado por la mejora del empleo y la recuperación del poder adquisitivo. El gasto público también creció un 1,1%, mientras que la inversión repuntó un 1,7%, reflejando la confianza empresarial en el ciclo económico.
En efecto, la Encuesta de Población Activa (EPA) registró durante el verano un nuevo récord histórico de ocupación, con 22,4 millones de trabajadores, aunque la tasa de paro repuntó ligeramente hasta el 10,4%.
Sin embargo, el comportamiento del sector exterior refleja las tensiones globales. Las exportaciones de bienes y servicios retrocedieron un 0,6%, mientras que las importaciones crecieron un 1,1%, restando seis décimas al conjunto del PIB. Las causas se encuentran en la crisis comercial entre Europa y Estados Unidos, con nuevos aranceles impuestos por Washington, y en la avalancha de productos asiáticos que han redirigido su entrada hacia el mercado europeo.
La construcción creció un 0,8%, un ritmo más moderado que en el trimestre anterior, aunque mantiene un avance del 6,1% interanual, impulsado por la inversión residencial y pública. También los servicios, motor estructural de la economía española, registraron un crecimiento del 0,8%, destacando el turismo y las actividades vinculadas al ocio y la hostelería.
Desde el Banco Central Europeo (BCE) se ha subrayado que España continúa actuando como uno de los principales sostenes del crecimiento europeo, en contraste con la atonía general de la zona euro. Sin embargo, la institución advierte de riesgos internos persistentes, como la dificultad de acceso a la vivienda, la inflación acumulada y la contención de los salarios reales, que podrían limitar la capacidad de gasto de los hogares en el medio plazo.
A falta de los datos del último tramo del año, los analistas coinciden en que 2025 cerrará con un balance positivo. BBVA Research y el Consejo General de Economistas prevén un crecimiento del 3%, mientras que Funcas y CaixaBank Research lo sitúan en torno al 2,9%. El Gobierno, por su parte, mantiene su previsión en el 2,7%, aunque no descarta revisarla al alza ante los buenos resultados de la economía doméstica.
En un contexto internacional marcado por las guerras comerciales, la inestabilidad política en Europa y la debilidad industrial alemana, España continúa destacando como una de las economías más resistentes y equilibradas del continente. Su desafío ahora pasa por consolidar ese crecimiento, reducir la dependencia del consumo interno y recuperar el pulso exportador que durante años fue uno de los pilares del milagro económico español. @mundiario


