La defensa y los efectos de la guerra arancelaria marcan los Presupuestos de 2026
El Gobierno ha encendido este miércoles el motor de una maquinaria que llevaba demasiado tiempo gripada: la elaboración de los Presupuestos Generales del Estado de 2026. Y lo ha hecho con un viraje que, lejos de pasar desapercibido, refleja con claridad la tormenta global que condiciona la política económica española. La orden ministerial publicada en el Boletín Oficial del Estado (BOE) no solo marca el inicio del ciclo presupuestario; también introduce un cambio de prioridades que rompe con la inercia de ejercicios anteriores: la defensa y los efectos de la guerra arancelaria mundial entran en primera línea.
La decisión no es casual. Tras dos años de cuentas prorrogadas y un Ejecutivo atrapado entre la aritmética parlamentaria y la incertidumbre internacional, el mensaje es nítido: España se prepara para un escenario donde la seguridad militar y la capacidad exportadora son pilares estratégicos. Hacienda no habla de gasto militar en abstracto, sino de “modernizar capacidades” y reforzar la industria vinculada a la defensa. Al mismo tiempo, reconoce el golpe que la política arancelaria de Estados Unidos está asestando a sectores clave de la economía española.
Este doble movimiento, militar y comercial, sitúa al país en un terreno incómodo pero inevitable. Los Presupuestos se convierten así en algo más que una herramienta de gestión de recursos públicos: son un termómetro de la forma en que España asume la fragilidad de un orden global en plena recomposición. Y mientras tanto, el calendario apremia y el retraso en la tramitación amenaza con arrastrar al país a una nueva prórroga de las cuentas de 2023.
La paradoja es evidente: un Gobierno que promete mirar al futuro se ve obligado a lidiar con un presente que le atenaza. La política se superpone a la economía y convierte las cuentas públicas en un campo de batalla donde se entrelazan la geopolítica, la negociación parlamentaria y la necesidad de enviar señales de confianza a Bruselas y a los mercados.
Defensa: del gasto a la industria nacional
De acuerdo con El País, el compromiso de alcanzar el 2% del PIB en gasto militar no es solo una cifra exigida por la OTAN. Es también un mensaje hacia dentro: fortalecer un sector industrial capaz de generar empleo y tecnología. Hacienda enmarca esta apuesta en términos de modernización y tejido productivo, un modo de suavizar la dureza de lo que, en esencia, es una inversión en seguridad armada. La defensa deja de ser un gasto para convertirse en un motor de reindustrialización.
La otra gran prioridad, menos visible pero igualmente decisiva, es el comercio exterior. El nuevo contexto de tarifas impuesto por Estados Unidos amenaza con erosionar la competitividad de productos españoles en los mercados internacionales. El Gobierno pretende blindar a los sectores más vulnerables con medidas específicas de apoyo a la exportación. Una jugada que no solo es económica, sino también política: dar cobertura a las empresas que sostienen miles de empleos en un clima de incertidumbre global.
Vivienda y bienestar en segundo plano
Aunque el documento también dedica espacio a la vivienda, la transición ecológica o la innovación, es evidente que estos ámbitos han perdido protagonismo frente a la defensa y el comercio exterior. No se trata de un abandono, pero sí de una señal de que el Ejecutivo ha optado por redefinir sus prioridades. La política social sigue presente, aunque relegada en un tablero donde los desafíos internacionales marcan la pauta.
El gran obstáculo sigue siendo el calendario y la aritmética parlamentaria. Los retrasos acumulados en la aprobación de los objetivos de estabilidad y el techo de gasto hacen muy difícil que las cuentas lleguen al Congreso a tiempo. Y, aunque el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, asegura que no convocará elecciones si fracasa la tramitación, el riesgo de una tercera prórroga de los Presupuestos de 2023 está más vivo que nunca.
Lo que está en juego no es solo un proyecto de cuentas, sino la forma en que España se prepara para un futuro incierto. La apuesta por la defensa y el comercio exterior refleja un giro de época: la constatación de que las amenazas externas pesan tanto como las necesidades internas. Y, sin embargo, la pregunta sigue abierta: ¿será capaz el Ejecutivo de convertir estas prioridades en un presupuesto aprobado o volverá a quedar atrapado en la parálisis? @mundiario



