Cuatro de cada cinco gasolineras ignoran la rebaja del IVA: la guerra dispara los precios
Los conductores españoles se encontraron durante la Semana Santa con un golpe directo al bolsillo. Cuatro de cada cinco gasolineras venden gasolina más cara que al inicio del conflicto en Oriente Próximo, y el diésel ha subido en todas. La rebaja fiscal aprobada por el Gobierno hace dos semanas, que redujo el IVA del 21% al 10%, parece haberse diluido frente a la escalada internacional del precio del barril de Brent, que ha aumentado un 50% desde que Irán bloqueó el estrecho de Ormuz.
El análisis de un mes de registros de más de 11.000 gasolineras elaborado por EL PAÍS revela que en la mitad de los establecimientos la gasolina 95 cuesta 5 céntimos más por litro que antes de la guerra. En el 30% de las gasolineras, la diferencia llega a los 10 céntimos. Las pocas que han bajado sus precios solo han aplicado descensos de 2 céntimos por litro. El diésel, combustible imprescindible para transporte e industria, ha subido en todas partes: en la mitad de los surtidores supera los 35 céntimos por litro. La lógica económica sugiere que sectores con menor flexibilidad en la demanda, como el transporte, absorben primero los golpes de una crisis internacional.
El barril de Brent como sentencia
La causa principal de este aumento es clara: el barril de Brent, referencia europea del crudo, se ha disparado un 50% desde que Irán tomó represalias bloqueando el paso de buques petroleros. En España, el precio antes de impuestos refleja esta alza: la gasolina se ha encarecido un 37% y el diésel casi un 60%. La intervención del Gobierno mediante el recorte del IVA logró contener el impacto, pero no revertirlo: tras la rebaja, el litro de gasolina pasó de 1,80 a 1,61 euros y el diésel de 1,94 a 1,79 euros, un alivio limitado para quienes llenan el depósito de un turismo promedio.
El economista Manuel Hidalgo, que estudió la reacción de las estaciones ante las rebajas fiscales, explicó a EL PAÍS que “en un mercado con baja competencia, una bajada de impuestos puede derivar en un aumento del precio antes de impuestos, para capturar parte de la rebaja”. Es decir, los consumidores pagan indirectamente lo que el Estado intenta aliviar. El precedente de la crisis de Ucrania en 2022 mostró un fenómeno similar: tras una reducción de 20 céntimos por litro, las gasolineras subieron de inmediato la gasolina y el diésel, diluyendo buena parte del descuento.
Factores estructurales que mantienen los precios altos
Ahora bien, no todo se explica por la geopolítica. La transformación industrial del petróleo, los costes laborales resistentes a crisis puntuales y la escasez de refinados también juegan un papel. Tras la invasión rusa de Ucrania, la disponibilidad de crudo en Europa se redujo drásticamente debido a sanciones, lo que mantuvo los precios de gasolina y diésel entre un 15% y un 20% por encima del nivel del petróleo. Esta “rigidez estructural” hace que, incluso cuando los mercados internacionales bajan, los surtidores en España sigan cargando precios altos.
Mientras la política intenta suavizar la crisis mediante medidas fiscales, la realidad es que el precio en el surtidor sigue marcado por conflictos lejanos y por la estructura del mercado energético español. La Semana Santa se convirtió así en un recordatorio de que, en economía, las buenas intenciones del Gobierno no siempre llegan al consumidor final. @mundiario



