"Cuando se terminen los fondos europeos, España ya debe estar preparada", advierte María Cadaval

María Cadaval. / Xurxo Lobato
María Cadaval. / Xurxo Lobato

La coautora del libro Cómo salir de esta (II) ve necesario un cambio radical de modelo productivo. / Entrevista en MUNDIARIO

"Cuando se terminen los fondos europeos, España ya debe estar preparada", advierte María Cadaval

Cómo salir de esta (II) es el título de un nuevo libro de Mundiediciones, escrito por la profesora de economía María Cadaval y el periodista José Luis Gómez, que lleva por subtítulo: "La crisis económica que trajo la pandemia, más intensa que la anterior pero menos duradera". Desde el punto de vista de Mundiediciones, su obra complementa otros cuatro ensayos de esta editorial en 2021 sobre Estados Unidos, Europa, China y España, en este caso por partida doble, en un caso con visión política y en otro, económica. El círculo se cerrará en noviembre con el libro ¿Quo Vadis, Europa?, de Carsten Moser, también autor del prólogo de Cómo salir de esta (II).

Doctora en economía con mención europea, María Cadaval es profesora de Economía Aplicada de la Universidad de Santiago de Compostela (USC), donde también dirige la Cátedra Iberoamericana. Es subdirectora de la Red de Investigadores en Financiación Autonómica y Descentralización Financiera en España (RIFDE), y miembro del Comité Asesor del Observatorio de la Realidad Financiera (Orfin). Colabora en diversos medios de comunicación escritos y audiovisuales y es columnista de MUNDIARIO, a cuyo sello editorial pertenece este libro puesto a la venta en Amazon, en versiones digital e impresa.

– ¿Por qué esta crisis derivada de la pandemia fue más intensa que la anterior, pero será menos duradera?

– La crisis ha sido más profunda, pero se espera que menos duradera que la anterior, porque el impacto de la pandemia en el tejido productivo ha sido contenido en el tiempo e inferior al que provocó la crisis de 2008, cuando se produjeron varios años de pérdidas de producción. La gran recesión de 2008 fue sistémica, afectó primero al sistema financiero y después se extendió al resto de la economía. El gran encierro de 2020  fue provocado por la emergencia sanitaria. El origen de esta crisis fue inesperado y global. No se recuerda un shock económico colectivo de igual magnitud desde la II Guerra Mundial. Fue distinto el impacto y también lo fue la reacción de las autoridades nacionales y supranacionales ante la crisis. Las medidas fiscales y financieras de apoyo extraordinario que se han articulado se han extendido al mismo tiempo que lo hacía la pandemia, algo que se diferencia de la coyuntura anterior, más en línea con la Europa de las realizaciones concretas que propugnó Robert Schuman en la declaración de 9 de mayo de 1950, empezando por la solidaridad.

Si se aprovecha esta oportunidad, el tejido que salga de esta crisis puede ser mejor que el anterior

–¿Por qué habrá crecimiento y recuperación, pero todo será distinto, como se indica en su libro?

– Será distinto porque la crisis es diferente y su respuesta también. La economía española tiene una porción muy elevada de su tejido productivo que está compuesta por pymes y la producción se concentra allí donde las interacciones sociales son más elevadas. El gran peso relativo del turismo y el exceso de minifundismo empresarial son un lastre que se ha de corregir y la tendencia debe conducir hacia empresas más grandes y hacia un sector industrial más potente. Hay para ello una cantidad ingente de fondos europeos que tienen como finalidad cambiar el tejido productivo del país, tanto en la orientación productiva como en la cultura empresarial, no solo del tamaño sino también de la colaboración. Si se aprovecha esta oportunidad, el tejido que salga de esta crisis puede ser mejor que el anterior. En caso de no hacerlo, la economía española caminará arrastrando los pies durante décadas.

Carsten Moser, autor del prólogo de Cómo salir de esta (II), sostiene que “sin liderazgo, con mayúsculas, no saldremos de esta”. ¿A quién debe atribuirse ese liderazgo?

Carsten Moser apunta un tema con muchas implicaciones. El siglo XXI ha comenzado de manera complicada y las adversidades que se suceden plantean retos de gran envergadura que precisan de líderes en el ámbito económico, pero no solo, también en el social y político. Todos ellos han de abandonar la cultura de la inmediatez y volver al análisis y la reflexión de los temas. Para eso hacen falta personas pensando y otras ejecutando en todos los ámbitos.

¿Hay lecciones históricas de cómo se sale de una crisis motivada por una pandemia?

– Hay lecciones históricas porque hay aproximaciones a realidades parecidas y de todas ellas se puede aprender, pero cada pandemia, como cada crisis, es diferente. Todas las pandemias han causado muerte, caos, pobreza, hambre y desolación, la covid-19 también. En todas ha habido puntos de inflexión en la dominancia o prevalencia de países, de imperios y todas han provocado desastres en el ámbito económico y empresarial. Esta también porque la economía no se congela y descongela de manera automática. Estamos viendo cómo la reactivación económica trae aparejada riesgos y amenazas –unos previstos otros no tanto– que pueden enfriar la euforia de la recuperación y que solo los gobiernos, a través de las políticas acertadas, podrán reactivar la actividad o acabar por hundir a los países en una profunda depresión.

María Cadaval. / Xurxo Lobato

María Cadaval. / Xurxo Lobato

Se han mutualizado riesgos y puesto en práctica políticas de estímulo, no de austeridad, y de protección propias del Estado de bienestar, pero esto tiene fecha de caducidad

 ¿Estamos ante una respuesta diferente con respecto a la crisis de 2008?

– Estamos ante una respuesta radicalmente diferente con respecto a la crisis de 2008, de la que algo se ha aprendido. La respuesta a la presente crisis ha sido rápida, solidaria y contundente, con el fin de evitar que la recesión se convierta en estructural. Los fondos europeos Next Generation son buena muestra de ello, al igual que la política monetaria expansiva del Banco Central Europeo, que ha evitado una debacle en los peores momentos del parón. Una respuesta que recuerda más a las políticas keynesianas que a las liberales aplicadas hace apenas una década. El programa extraordinario de compra de deuda ha permitido que nos olvidemos de la prima de riesgo, los ERTE han tenido cobertura extraordinaria a través de programas como el SUR en el seno del MEDE, la activación de la cláusula de escape en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento y la aprobación de los Fondos Next Generation han sido determinantes para que los Estados pudiesen actuar cubriendo los riesgos. Desde el primer momento ha habido mucho dinero encima de la mesa, pero no debe olvidarse que el país (España) ha vivido –y sigue viviendo– en un espejismo económico comprensible dadas las circunstancias y el giro de timón que ha experimentado la política europea. Se han mutualizado riesgos y puesto en práctica políticas de estímulo, no de austeridad, y de protección propias del Estado de bienestar, pero esto tiene fecha de caducidad. Para cuando termine, se debe estar preparado y esto solo es posible si se aprovecha esta abundancia de dinero para transformar la economía.

 – ¿Estaba España preparada para afrontar el shock sanitario y económico de la pandemia?

– No, España no estaba preparada para afrontar el shock sanitario ni tampoco el económico. La primera parte de la afirmación la avalan los más de 87.000 fallecidos oficiales –algo más de 100.000 reales– que llevan a replantearse la organización del sistema socio-sanitario en su conjunto (no solo el sanitario). La segunda se sustenta en el hecho de que el shock de la covid-19 sorprendió a España en un cambio de ciclo económico, cuando los vientos de cola habían dejado de soplar, y ya se había constatado una ralentización en el crecimiento que, por si fuera poco, se encontró con la espada de Damocles de una deuda superior al 95% del PIB y un déficit estructural próximo al 3%. Este contexto y, aunque familias y empresas se encontraban en mejor posición que en 2008, el sector público español se reveló débil ante el desafío económico que trajo la covid-19, lo que explica la diferencia en la contundencia de las estrategias de estímulo que siguieron países como Alemania, frente a otras más débiles como la de España o Italia, cuyas cuentas públicas apenas tenían recorrido.

En el libro Cómo salir de esta (II)  se abordan los impactos sobre el empleo, el tejido productivo y la desigualdad. ¿Cuál es su conclusión?

– La primera conclusión sobre los impactos de la covid en el empleo, el tejido productivo y la desigualdad es que están relacionados. El tejido productivo español está excesivamente sesgado hacia el sector servicios de bajo valor añadido, formado mayoritariamente por pequeñas y medianas empresas, en su mayoría microempresas, y esto lleva a que el empleo se sustente sobre puestos de trabajo temporales y precarios que conviven con otros de calidad y bien remunerados. La dualidad laboral que se ha perpetuado y que, al tiempo que el mercado laboral expulsa trabajadores jóvenes (50-65 años), no tiene cabida para los jóvenes que quieren ser trabajadores. Es necesario un cambio radical de modelo productivo, tomarse en serio la industrialización del país y  trabajar para que las empresas ganen dimensión y con ello también poder en el mercado. Sin olvidar, claro, la formación. Formación adaptada a las necesidades del mercado y la nueva realidad, para lo que es fundamental avanzar en la FP Dual, lo que requiere una participación activa de la patronal, al tiempo que orientar una parte del sistema educativo público a la formación continua. Solo de este modo se puede atacar la pobreza y la precariedad que forja una sociedad cada vez más desigual y dual.

Portada del libro Cómo salir de esta (II). / Mundiedficiones

Portada del libro Cómo salir de esta (II). / Mundiedficiones

La imbricación de la industria vinculada a la tecnología es sinónimo de valor, rentabilidad, sostenibilidad y bienestar

¿Cuál es su impresión sobre el nuevo modelo económico que ansía España? ¿Menos dependiente del turismo? ¿Más industrial y a la vez más sostenible?

– Si España es capaz de conseguir un modelo económico menos dependiente del turismo, más industrial y a la vez más sostenible habrá conseguido cuadrar el círculo. Esa debe ser exactamente la hoja de ruta. Pero no será fácil. El desafío de la sostenibilidad pasa por hacerlo compatible con una misión industrial transformadora, de alto valor añadido, que se inserte en los ecosistemas industriales mundiales de investigación e innovación en la que se han de implicar la administración, pero también el sector privado, para lo que se precisa de una adecuada estrategia de coordinación y gobernanza. Esta imbricación de la industria vinculada a la tecnología es sinónimo de valor, rentabilidad, sostenibilidad y bienestar.

Miremos también al exterior. ¿Qué debe hacer España en el contexto global?

– En el contexto global España debe, en primer lugar, tomarse en serio su marca-país. Los últimos años no han ayudado a este avance sino más bien todo lo contrario, se ha incidido en su retroceso. Hubo un tiempo en el que las cosas no eran así, la marca España era sinónimo de crecimiento y esplendor, y varios españoles ocupaban altos cargos de dirección en los principales organismos internaciones como la Unión Europea, la OTAN, la UNESCO, etcétera. En los últimos años no hay prácticamente nadie. España perdió representatividad al tiempo que su marca languideció y, lo que es peor, abandonó su privilegiada posición en lugares de gran importancia geoestratégica, como, por ejemplo, América Latina.  España tenía todas las posibilidades para liderar la posición europea en América del Sur, pero también ha desaprovechado esa oportunidad, hasta el momento. Alguien debe tomarse en serio esto y tomar las riendas.

A mediados del siglo XX se produjo un gran acuerdo entre notables estadistas y empresarios que entendieron que los programas de bienestar eran la fórmula más segura para mitigar los movimientos anticapitalistas y proporcionar a los ciudadanos una cobertura segura y oportunidades de desarrollo. ¿Por qué cree que resulta tan difícil ahora un gran consenso sobre este aspecto?

– El panorama humano es hoy muy diferente. Los grandes estadistas y empresarios entendieron entonces que los programas de bienestar eran la mejor fórmula, o al menos la más segura, para alejar y mitigar los movimientos anticapitalistas y proporcionar a los ciudadanos una cobertura segura y el desarrollo de nuevas oportunidades personales ayudaría a la recuperación tras la II Guerra Mundial. Hoy ni los grandes estadistas andan bastos ni los empresarios parecen estar por esta labor de bienestar colectivo en un mundo complejo, globalizado y cada vez con el poder más concentrado. El Plan de recuperación actual contempla estímulos muy importantes, pero no es probable que dentro de una década podamos decir aquello que pronunció Harold Macmillan a mediados del siglo pasado de que “la mayoría de nuestro pueblo nunca ha vivido tan bien”. Se precisa algo más que buena voluntad, se exigen reformas, inversiones y cambios para conseguir reactivar el Estado de bienestar, para lo que habrá que volver a la realidad, medir, contar y actuar con transparencia expresando con claridad los beneficios y los costes de las decisiones públicas que haya que adoptar, por complejas y dolorosas que resulten. El factor clave es político. La mayor amenaza a la que se enfrenta hoy el Estado de bienestar en España es la ruptura del consenso histórico de no incluir las prestaciones básicas del estado de bienestar en las batallas políticas y partidistas. Lo que antaño fue incuestionable, es hoy objeto de mofa, de tal forma que quien acaba perdiendo son los ciudadanos.  Son muchos los retos por delante, pero este es prioritario, la finalidad de la recuperación y mantenimiento del Estado de Bienestar sigue siendo alejar los movimientos populistas –de izquierdas y de derechas– que solo contribuyen a la desintegración y pauperización de los países.

– ¿Está de acuerdo con la propuesta alcanzada por el G7 que intenta establecer un impuesto mínimo del 15% para las empresas? ¿Será el aumento de impuestos a los ricos y empresas que proponen algunas administraciones la forma más eficaz para reducir la brecha de la desigualdad?

– De igual modo que se hizo a principios del siglo pasado cuando se aprobaron las leyes antimonopolio, estoy totalmente de acuerdo con la propuesta alcanzada por el G7 que intenta establecer un impuesto mínimo del 15% del impuesto de sociedades en aquellos países donde generen negocio, en lugar de tributar solo en los territorios donde tienen sus sedes. La digitalización y la deslocalización fiscal han llevado a que se produzca un círculo vicioso en el que casi todos pierden a costa de que solo unos pocos ganen. Europa venía reclamándolo desde hacía mucho tiempo, el principal escollo para conseguirlo era la resistencia de Estados Unidos, cuyas empresas son las grandes beneficiarias de la deslocalización fiscal, pero algo está cambiando. La tributación de sociedades tiene grandes agujeros y hay que empezar a taparlos. Solo un dato es suficiente para ilustrar esto. En España, en el año 2007 el Impuesto de Sociedades recaudaba unos 44.823 millones de euros. En 2019, una vez recuperado el PIB anterior a la crisis financiera, aportó a las arcas públicas españolas 23.733 millones de euros. Faltan más de 20.000 millones de euros de recaudación de uno de los tres pilares impositivos del país. Así que, el acuerdo del G7 es necesario, si bien no suficiente.

María Cadaval. / MundiarioMaría Cadaval. / Mundiario

Europa ha dado un gran paso al mutualizar buena parte de la deuda con la que se va a financiar el plan de estímulos, algo que no se consiguió en la crisis anterior, al igual que la suspensión de las reglas fiscales

“Anular la deuda pública mantenida por el BCE para que nuestro destino vuelva a estar en nuestras manos” es una tesis de su colega Thomas Piketty y de otros economistas europeos, recogida en Cómo salir de esta (II). ¿Cuál es su posición al respecto?

– El manifiesto sobre la anulación de una parte de la deuda pública que, como dice, circularon unos economistas europeos  encabezados por Thomas Piketty tuvo un gran impacto en redes sociales y en distintos medios de comunicación, pero ni siquiera las bolsas europeas reaccionaron, síntoma de que la propuesta no tenía fundamento. Anular las deudas públicas actuales a cambio de inversiones de los Estados sin compensación a los menos endeudados introduciría, entre otras cosas, un importante riesgo moral, además del impacto que una medida de tal calado tendría sobre la reacción de otros bancos centrales y el valor del euro. Europa ha dado un gran paso al mutualizar buena parte de la deuda con la que se va a financiar el plan de estímulos, algo que no se consiguió en la crisis anterior, al igual que la suspensión de las reglas fiscales. Para hacer frente a la deuda será necesario primero, que los planes de recuperación funcionen, que la economía española se recupere y recupere también sus ingresos el sector público y solo así se podrá volver a sendas de desequilibrio financiero aceptables al tiempo que devolver parte de la deuda pública que se ha acumulado. En caso contrario, el coste de la deuda devorará los recursos públicos y encorsetará cada vez más la actuación pública.

– ¿Optimista, en definitiva?

– Otras pandemias han dejado escenarios de precariedad y desolación parecidos o incluso peores que el actual, pero la historia de España, alguna muy reciente demuestra que cuando se hace política con mayúsculas el país consiguió cambiar y crecer. El curso económico del país mudó en varias ocasiones. El 2022 y siguientes exige hacer política y definir las palancas de crecimiento que servirán para arrancar y cebar el motor de la recuperación. @mundiario

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