Desempleo y miedo: el golpe laboral de la peste porcina africana en Cataluña

Un camión cargado con cerdos. / RR. SS.
La suspensión de empleados en Vic ha desatado el temor entre los trabajadores de un sector que emplea a entre 15.000 y 20.000 personas en Cataluña.

La noticia cayó como un mazazo en un sector acostumbrado a convivir con la volatilidad del mercado, pero no con la amenaza directa a sus puestos de trabajo. La suspensión de 300 empleados temporales en un matadero de Vic, gestionado por Grupo Jorge, ha encendido todas las alarmas. Por primera vez desde que estalló el brote de peste porcina africana (PPA) en Cataluña, la crisis sanitaria ha mutado en crisis laboral. Y entre los pasillos del sector cárnico, que da empleo a entre 15.000 y 20.000 personas solo en Cataluña, el temor es ya palpable: si este es solo el primer movimiento, ¿qué vendrá después?

Mamadou Balde, que lleva una década en la empresa y representa a los trabajadores afectados, lo resume al diario EL PAÍS con una frase que se ha convertido en bandera: “Los ERTE serán cruciales”. Estas palabras describen el pulso de un sector que sabe que las soluciones improvisadas pueden ser letales para plantillas marcadas por la temporalidad y la movilidad crónica. La caída del precio del cerdo —otros 10 céntimos esta semana— ha añadido un componente económico que puede acelerar los ajustes.

El golpe se ha producido en Santa Eugènia de Berga, en la comarca de Osona, corazón de la producción porcina en Cataluña. Allí, donde se concentra el 11% de las cabezas de ganado de la comunidad, el temor a nuevas restricciones —pese a que la Comisión Europea excluyó la zona de las áreas limitadas— se traduce en incertidumbre. La industria observa con atención no solo la evolución del brote, estabilizado en torno a Cerdanyola del Vallès, sino también los movimientos internacionales, especialmente el veto de China, un comprador que condiciona gran parte de las exportaciones españolas.

Grupo Jorge, uno de los mayores exportadores de porcino del país, reconoce que está a la espera de que Pekín levante las restricciones para activar de nuevo las contrataciones. Pero para los trabajadores y los sindicatos, la explicación no basta: consideran que la suspensión masiva, decidida antes de saberse las nuevas delimitaciones de Bruselas, vulnera derechos laborales. CCOO exige negociar y pide al Govern que proteja a los empleados temporales, “la pieza más fácil del engranaje”.

La urgencia de los ERTE

La activación de los Expedientes de Regulación Temporal de Empleo se ha convertido en el punto central de las reivindicaciones. La ETT vinculada al matadero ya ha presentado la solicitud ante la Generalitat, que dispone de cinco días para pronunciarse. Si se aprueban, los trabajadores podrán cobrar a través del SEPE sin consumir paro. Para Balde, que negocia a contrarreloj, es la única salida para evitar que un problema coyuntural termine en drama social.

Los vetos internacionales, el riesgo silencioso

Más allá de la gestión local del brote, el factor que más inquieta a la industria es externo: la reacción de los mercados. China, que absorbió el 10% de las exportaciones españolas en 2023, ha cerrado la puerta al porcino procedente de España. El Ministerio de Agricultura presiona para que se aplique un sistema de regionalización que limite el veto solo a las zonas afectadas, pero por ahora sin éxito. Cada día sin esa garantía aumenta la presión sobre un sector extremadamente dependiente de la exportación.

Un sector fuerte, pero con pies de barro laborales

El porcino lidera las exportaciones agroalimentarias catalanas y representa casi la mitad de las ventas españolas al exterior. Pero su estructura laboral muestra grietas profundas: temporalidad, subcontratación y una alta movilidad que dejan a miles de trabajadores en una vulnerabilidad permanente. Las organizaciones sindicales consideran que la crisis de la PPA ha puesto al descubierto un modelo que ya arrastraba tensiones.

Los Comunes no han tardado en señalar al Govern, acusándolo de “obedecer a la patronal cárnica” y de no actuar con contundencia para proteger los empleos. Exigen que se prohíban los despidos vinculados al brote y que se negocien acuerdos bilaterales con los países que han impuesto vetos. En un clima donde la salud animal, la economía y el empleo chocan en un delicado equilibrio, cada decisión administrativa actúa como un mensaje político.

La crisis por la peste porcina africana avanza en dos frentes: el sanitario y el laboral. El primero mantiene a los expertos vigilando el avance del patógeno; el segundo, a miles de trabajadores con el corazón en un puño. @mundiario