China frente a un siglo perdido como Japón por su crisis demográfica

China podría repetir el modelo japonés de estancamiento si ignora su crisis demográfica. La burbuja inmobiliaria y el envejecimiento acelerado amenazan su crecimiento futuro.
Xi Jinping, presidente de China. / RR.SS
Xi Jinping, presidente de China. / RR SS.

Hace diez años, Xi Jinping logró controlar la espiral deflacionaria de China con un doble movimiento: recorte de la sobreproducción y un impulso de inversión en vivienda cercano a los 900.000 millones de dólares. Hoy, la estrategia del presidente se centra en limitar la oferta, pero carece del estímulo necesario. Sectores como el acero y la energía solar se ajustan, pero la economía no recibe el impulso que dispare la demanda interna.

La deuda total supera ya el 300% del PIB y el Banco Popular apenas tiene margen para recortar tipos de interés. Limitar la producción por sí sola no resolverá problemas estructurales como la débil confianza de los hogares, el exceso de capacidad industrial y la baja inversión en consumo interno. La pregunta es clara: ¿por qué repetir medidas parciales si la receta completa ya funcionó hace una década?

Aprendiendo de Japón

La comparación con Japón en los años noventa es inevitable. La burbuja inmobiliaria nipona estalló tras una expansión sostenida por políticas fiscales y monetarias mal calibradas y un trasfondo demográfico adverso. Japón tardó décadas en comprender que su crisis era más demográfica que financiera, con consecuencias prolongadas: desempleo, caída de natalidad y pérdida de competitividad.

China enfrenta ahora un panorama más complejo: la población que adquiere su primera vivienda alcanzó su máximo en 2019, justo antes del estallido de la burbuja, y el envejecimiento de la población se acelera a un ritmo que Japón tardó 28 años en alcanzar y China lo hará en solo dos décadas.

Además, el consumo interno apenas representa el 38% del PIB, frente al 50% japonés en 1990, lo que limita la capacidad de la economía para amortiguar la crisis. Sin un enfoque que combine estímulo con reformas estructurales, Pekín corre el riesgo de caer en una “década perdida” más profunda que la japonesa.

Reformas estructurales, la única salida

El gobierno tiene herramientas para reactivar la economía sin repetir errores del pasado. Revisar incentivos de los funcionarios locales para priorizar el consumo, aumentar transferencias de ingresos a los hogares y reforzar políticas de bienestar social son medidas urgentes. La construcción de grandes infraestructuras podría ayudar, pero son soluciones a largo plazo.

Mientras tanto, sostener empresas zombis o limitar la oferta sin estimular la demanda solo prolongará la crisis inmobiliaria, con millones de viviendas sin vender y familias sobreendeudadas. China necesita actuar con visión estratégica, combinando reformas fiscales, sociales y económicas. Solo así evitará que la burbuja inmobiliaria se convierta en una amenaza crónica para su crecimiento, la estabilidad social y su proyección global en las próximas décadas. @mundiario

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