La Casa Blanca presiona a las farmacéuticas: Pfizer recorta precios tras la amenaza de aranceles

El presidente Trump llega a un “histórico” acuerdo con Pfizer para que rebaje los precios de sus medicamentos para los estadounidenses, mientras insta a las multinacionales a invertir en EE UU para evitar los gravámenes.
Donald Trump, presidente de EE UU y Robert F. Kennedy Jr.  secretario del Departamento de Salud. / White House
Donald Trump, presidente de EE UU y Robert F. Kennedy Jr. secretario del Departamento de Salud. / White House

El anuncio de Donald Trump de aplicar aranceles del 100% a los fármacos producidos en el extranjero a partir de este 1 de octubre ha sacudido a la industria farmacéutica global. La medida, presentada como un paso para proteger la producción nacional y reducir la dependencia exterior, busca presionar a las multinacionales a instalar fábricas en territorio estadounidense. El presidente estableció que solo aquellas empresas que demuestren estar construyendo o tener en marcha plantas de producción en el país podrán evitar el gravamen.

Ante este escenario, compañías como Eli Lilly anunciaron inversiones multimillonarias en nuevas instalaciones en Houston y Virginia, mientras que otros gigantes como Roche, Merck o Novo Nordisk aceleran planes de producción local. De acuerdo con datos publicados por The Wall Street Journal, una docena de grandes farmacéuticas han comprometido más de 350.000 millones de dólares en inversiones en Estados Unidos hasta finales de esta década.

La medida afecta no solo a la producción, sino también al precio de los medicamentos. Trump lleva tiempo presionando a las farmacéuticas para que reduzcan el coste de sus productos. En mayo pasado, el presidente firmó una orden ejecutiva en la que instaba a los fabricantes a ajustar sus precios a los niveles que pagan otros países de altos ingresos por los mismos fármacos, y advirtió de que impondría límites estrictos a sus ganancias si no cumplían.

En julio, envió cartas a cerca de una veintena de altos cargos de las principales multinacionales, instándoles a bajar los precios antes del lunes 29 de septiembre, advirtiendo que, de no hacerlo, enfrentarían graves consecuencias.

En este contexto, el mandatario reveló este martes un acuerdo con Pfizer que considera “histórico”. La farmacéutica estadounidense se comprometió a reducir de manera significativa los precios de un amplio rango de medicamentos para los consumidores estadounidenses, además de extender descuentos a los programas públicos como Medicaid. Según el mandatario, los recortes podrían oscilar entre el 50 % y el 100 % en algunos casos y supondría un ahorro de “cientos de millones de dólares” anuales.

Albert Bourla, CEO de Pfizer, subrayó que la presión de los aranceles fue decisiva para alcanzar el pacto, también calificando el día como “histórico” y asegurando de que el acuerdo corrige lo que consideraba una “situación injusta”. Según comentó, los estadounidenses llevaban años asumiendo un peso desproporcionado en los costes de innovación médica, al pagar precios mucho más altos que otros países desarrollados.

La estrategia de la Casa Blanca se apoya en el principio de “nación más favorecida”, que busca mejorar el precio de los fármacos en EE UU en comparación con los de otros países avanzados. La Administración espera que más compañías sigan el ejemplo de Pfizer en los próximos meses.

Por su parte, la Comisión Europea confía en que el acuerdo comercial alcanzado con Washington el pasado julio, en el que se fijó un límite del 15% a los aranceles en productos farmacéuticos, semiconductores y madera, sirva como escudo frente a la medida. Japón también ha asegurado su posición gracias a un pacto similar. Sin embargo, el Reino Unido aún no tiene claro si sus farmacéuticas podrán esquivar el nuevo impuesto, al no estar definida la tasa aplicable a los medicamentos en su acuerdo bilateral con EE UU.

El último giro proteccionista estadounidense genera incertidumbre en los mercados globales, con efectos inmediatos en las cadenas de suministro. Aunque muchas empresas han acelerado sus inversiones en suelo estadounidense para mantener el acceso a uno de los mercados más rentables del mundo, no queda claro si los costes de producción derivados de la deslocalización repercutirán en el precio final que la Casa Blanca intenta reducir.

En este escenario, la política arancelaria de Trump no solo transforma la relación entre la Casa Blanca y la industria farmacéutica, sino que también redefine la competencia internacional. Estados Unidos busca consolidar su papel como productor y consumidor estratégico, mientras países y empresas tratan de adaptarse a un panorama en el que el acceso a medicamentos y sus precios estarán cada vez más condicionados por decisiones políticas y comerciales.

El acuerdo con Pfizer, lejos de ser un caso aislado, parece el preludio de una dinámica que podría extenderse a otros fabricantes y marcar un antes y un después en la forma en que se negocian los precios de los medicamentos en todo el mundo. La gran incógnita será si este modelo podrá sostenerse en el largo plazo y qué consecuencias tendrá para pacientes y sistemas de salud en Estados Unidos. @mundiario

Comentarios