Caixabank se convierte en la peor amenaza para garantizar la continuidad de Novagalicia

Sede de Caixabank en Barcelona. / Mundiario
Sede de Caixabank en Barcelona.

En el caso de que Santander, BBVA o Caixabank absorbiesen Novagalicia Banco, Galicia perdería, como mínimo, en torno a 200 oficinas bancarias más. MUNDIARIO comienza a analizar los impactos (I).

Caixabank se convierte en la peor amenaza para garantizar la continuidad de Novagalicia

En el caso de que Santander, BBVA o Caixabank absorbiesen Novagalicia Banco, Galicia perdería, como mínimo, en torno a 200 oficinas bancarias más. MUNDIARIO comienza a analizar los impactos (I).

 

Esta semana concluye el plazo para la presentación de ofertas no vinculantes por Novagalicia Banco, si bien ya están descartados Banco Popular y el fondo internacional Elliot. El Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) tendrá que evaluar las ofertas de los tres grandes bancos españoles –Santander, BBVA y CaixaBank-, el venezolano Banesco (dueño del Etcheverría en España), que parece ganar posiciones, y los fondos Guggenheim -el favorito-, Anchorage, JC Flowers y Wilbur Ross.

La mayoría de las ofertas garantizan, pues, la continuidad de la entidad financiera con sede en Galicia, mientras que solo tres de ellas –Santander, BBVA y CaixaBank- se la llevarían por delante.

En la medida en que es la entidad española que tiene más empeño en hacerse con el control de Novagalicia, Caixabank se ha convertido en la peor amenaza para garantizar la continuidad de NCG Banco como entidad independiente.

En el caso de que Santander, BBVA o Caixabank absorbiesen NCG Banco, Galicia perdería, como mínimo, en torno a 200 oficinas bancarias más. Esto supondría una pérdida de empleo de en torno a 1.094 puestos de trabajo en la red de sucursales, a los que habría que sumarle la desaparición de los puestos de trabajo de 859 personas en los servicios centrales de la entidad. En total, cerca de 2.000 empleos menos en Galicia, en su mayoría de media y alta remuneración.

Madrid y Barcelona pasaron en cinco años del 40 al 80% del control del crédito y del 20 al 85% de la concentración de sedes de entidades financieras, al tiempo que el volumen de negocio financiero que se gestiona desde Madrid y Barcelona aumentó un 60%.

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