Bruselas lanza un plan para conectar las grandes capitales con trenes rápidos y asequibles

La Comisión recomienda a los Estados que impulsen la alta velocidad y, al mismo tiempo, reduzcan emisiones contaminantes, ya que el tren es el transporte que menos carbono emite.
Trenes de Ouigo, Renfe e Iryo. / RR. SS.
Trenes de Ouigo, Renfe e Iryo. / RR. SS.

Europa acelera hacia el futuro. La Comisión Europea ha decidido pisar el pedal —o, mejor dicho, los raíles— para impulsar un cambio profundo en la forma de viajar por el continente. El tren, ese medio de transporte tantas veces relegado a un segundo plano frente al avión, se convierte ahora en el protagonista de una estrategia que busca no solo conectar las grandes capitales europeas, sino también redefinir la movilidad en términos de sostenibilidad, eficiencia y cohesión territorial. Bruselas quiere reducir tiempos, abaratar billetes y, sobre todo, frenar la huella de carbono del transporte, el gran responsable del 30% de las emisiones en la Unión Europea.

El plan presentado este miércoles por la Comisión no es un simple documento técnico. Es una declaración de intenciones: Europa no podrá cumplir sus metas climáticas sin transformar su manera de moverse. El ferrocarril emerge como el símbolo de un nuevo modelo económico y social. Según los datos de 2022, mientras la carretera acaparó el 73,2% de las emisiones y la aviación el 14,2%, el tren apenas representó el 0,3%. Un dato que lo convierte en la gran esperanza verde de la movilidad europea.

La iniciativa de Bruselas se inspira en una idea que el ex primer ministro italiano Enrico Letta ya dejó clara en su informe sobre el mercado único: Europa necesita una red ferroviaria paneuropea que una las capitales a velocidades competitivas y precios razonables. Hoy, un viaje de Berlín a Copenhague lleva siete horas; la Comisión quiere que sean cuatro. De Atenas a Sofía, pasaría de casi catorce a seis. Y entre Madrid y París, de las actuales 9,5 horas a solo seis. El objetivo no es menor: convertir al tren en una alternativa real frente al avión y al coche.

Este impulso llega acompañado de una lección práctica: cuando hay competencia, los precios bajan y los pasajeros aumentan. España e Italia son el ejemplo que cita la Comisión. La entrada de nuevos operadores privados ha reducido tarifas y multiplicado la demanda en rutas como Madrid-Valencia o Madrid-Barcelona. El mensaje de Bruselas es claro: la liberalización del sector ferroviario no solo mejora el servicio, sino que lo hace más accesible.

Una red que una Europa y la haga más justa

El proyecto europeo no se mide solo en kilómetros de vía, sino en cohesión social. Una red de alta velocidad que conecte Lisboa con Varsovia, París con Atenas o Berlín con Viena no es solo una apuesta técnica: es un gesto político. Significa unir a las personas más allá de las fronteras, impulsar el turismo sostenible y equilibrar el desarrollo regional. En un momento en el que Europa se enfrenta al auge de los populismos y la fragmentación interna, el tren se presenta como una metáfora poderosa: una Europa que avanza unida sobre los mismos raíles.

Sin embargo, la ambición tiene un precio. Los técnicos de la UE estiman que completar la red TEN-T para 2040 costará unos 345.000 millones de euros, cifra que podría llegar a 546.000 millones en 2050 si se opta por una infraestructura de muy alta velocidad. Bruselas reconoce que los fondos públicos no bastarán. Según señala El País, hará falta una combinación de inversión pública y privada, además de un compromiso firme de los Estados miembros.

Ahora bien, para ello habrá que sortear retos monumentales: eliminar cuellos de botella fronterizos, mejorar la interoperabilidad de los sistemas, armonizar la regulación y garantizar financiación estable. No obstante, todo es posible. @mundiario

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