Bruselas insiste en el diálogo con EE UU, pero diversifica sus alianzas ante las amenazas de Trump
La Unión Europea aún apuesta por la vía diplomática en su intento por evitar una escalada en la guerra comercial con Estados Unidos. A pesar de las amenazas del presidente Donald Trump de imponer aranceles del 30 % a los productos europeos a partir del 1 de agosto, Bruselas mantiene en pausa sus contramedidas y confía en que aún existe margen para alcanzar un acuerdo antes de esa fecha. Esta decisión forma parte de una estrategia más amplia de doble impacto, en la que el diálogo y la diversificación de alianzas comerciales se presentan como herramientas clave para gestionar la creciente incertidumbre en el comercio internacional.
El reciente anuncio de Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, de prolongar la suspensión de las represalias arancelarias contra EE UU, subraya la voluntad de Bruselas de agotar las opciones de una salida pactada. Las contramedidas, originalmente valoradas en 21.000 millones de euros y diseñadas como respuesta a los aranceles del 25 % al acero y aluminio europeos, debían reactivarse este 14 de julio. Sin embargo, la Comisión ha decidido mantenerlas congeladas para no obstaculizar las negociaciones, que, según las fuentes diplomáticas, se encuentran "en una fase muy avanzada".
Esta decisión se produce apenas un día después de que Trump enviara una carta a Bruselas en la que anunciaba que, si no se alcanzaba un acuerdo antes del 1 de agosto, Washington impondría aranceles generalizados del 30%. La amenaza va acompañada de un mensaje claro: cualquier intento europeo de responder con medidas equivalentes sería castigado con un incremento adicional en las tarifas.
En este contexto, Bruselas ha optado por evitar un lenguaje confrontacional y seguir apostando por el diálogo. "Siempre hemos tenido claro que preferimos una solución negociada. Esto sigue siendo así, y utilizaremos el tiempo que tenemos hasta el 1 de agosto", declaró la presidenta comunitaria, quien también indicó que, si no pueden llegar a un acuerdo, "continuaremos preparando contramedidas para estar completamente listos". La estrategia parece estar diseñada para mantener la presión en niveles manejables, ganar tiempo y preservar abiertos los canales de negociación.
La diversificación comercial como contrapeso
Más allá del pulso con EE UU, la Comisión Europea está moviendo ficha en otros frentes. Una de las claves de su estrategia es diversificar sus relaciones comerciales, y en ese marco se inscribe el reciente avance con el densamente poblado Indonesia. Este domingo, Von der Leyen y el presidente indonesio, Prabowo Subianto, anunciaron un acuerdo de asociación económica (CEPA, por sus siglas en inglés), un paso significativo hacia un futuro tratado de libre comercio entre ambas economías.
El acuerdo con Yakarta es más que una simple negociación bilateral. Representa un gesto simbólico y práctico: Bruselas está ampliando su red de alianzas para reducir su dependencia de mercados como el estadounidense. En palabras de Von der Leyen, “vivimos tiempos turbulentos, y cuando la incertidumbre económica se mezcla con la volatilidad geopolítica, socios como nosotros debemos permanecer juntos".
Indonesia, la mayor economía del Sudeste Asiático, ha mostrado interés en consolidar su acceso al mercado europeo, especialmente en sectores sensibles como el aceite de palma, donde las tensiones con la UE habían sido notables debido a las políticas ambientales del bloque. Subianto afirmó que CEPA “no es solo comercio; es equidad, respeto y construcción de un futuro conjunto”.
Contramedidas en pausa, pero listas
Mientras extiende la mano al diálogo, la UE tampoco renuncia a prepararse para un escenario de confrontación. Von der Leyen ha confirmado que Bruselas continúa desarrollando nuevas contramedidas, aunque ha evitado, por ahora, activar instrumentos de mayor peso, como el mecanismo anti-coerción, originalmente ideado para responder a prácticas comerciales agresivas de actores como China.
La alemana ha insistido en que ese recurso se reserva para “situaciones extraordinarias”, algo que, según su evaluación, aún no se ha producido. Sin embargo, no todos en Europa comparten esa cautela. El presidente francés, Emmanuel Macron, ha pedido endurecer la postura europea y acelerar la preparación de contramedidas creíbles, incluyendo la posibilidad de utilizar dicho instrumento si no se alcanza un acuerdo antes del 1 de agosto.
Este contraste interno refleja las tensiones que genera la estrategia actual: mientras algunos Estados miembros, como Alemania e Italia, prefieren evitar una ruptura comercial con EE UU, otros presionan para adoptar una línea más firme frente al proteccionismo de la Casa Blanca.
La apuesta de Bruselas por el diálogo y la contención se explica en parte por la magnitud de la relación económica transatlántica. El valor del comercio de bienes y servicios entre la UE y EE UU alcanzó los 1.7 billones de euros en 2024, lo que representa más de 4.600 millones diarios. Cualquier disrupción grave tendría efectos inmediatos y profundos en ambas economías, especialmente en sectores como el automotriz, el farmacéutico o el aeronáutico.
Por eso, incluso frente a amenazas reiteradas, Bruselas mantiene su estrategia de equilibrio: demostrar disposición al acuerdo, mantener la presión contenida y fortalecer alianzas alternativas. La ventana de negociación sigue abierta, al menos hasta el 1 de agosto. Si para entonces no se ha alcanzado un entendimiento, las tensiones podrían escalar rápidamente. Pero por ahora, la Unión Europea sigue apostando por el tiempo, la diplomacia… y la diversificación. @mundiario