El ataque de ransomware desata grandes inversiones en sistemas de seguridad

Hacker. / RR SS
Representación de un hacker. / RR SS

Se suceden las jornadas de debate, las reuniones al máximo nivel y los estudios de planes financieros: nadie se quiere quedar atrás en materia de seguridad informática. Microsoft toma la delantera pero también habrá oportunidades para firmas de menor tamaño.

El ataque de ransomware desata grandes inversiones en sistemas de seguridad

Fue impactante constatar como una empresa española del nivel tecnológico de Telefónica –la gran compañía española de las comunicaciones– sucumbía ante unos hackers. Y tal vez aun lo fue más ver que ese mismo calvario lo sufrían otras grandes multinacionales e incluso gobiernos del mundo entero. Son ataques masivos, con precedentes, es verdad, pero que desatan consecuencias para el futuro en este planeta que, con la misma facilidad que gira, avanza aceleradamente hacia el llamado digitalismo. Hay fuentes que hablan de que cada día se producen más de mil millones de ataques en la redes por fallos de seguridad que se desconocen. Para poder evitarlos se realizan análisis preventivos. Objetivo: minimizar riesgos.

¿Cómo es posible que suceda todo esto?, ¿qué es lo que está pasando? Todo parece indicar que, por un lado, estamos caminando hacia una nueva revolución humanística, en la que estamos aceptando un pacto de modernidad que nos ofrece poder personal a condición de que renunciemos a nuestra creencia –tal vez previa– en un gran plan cósmico que dé sentido a la vida. Y, por otra parte, asistimos a situaciones en las que todas las alertas empiezan a sonar cuando nos hablan del ransomware que penetra en los ordenadores para encriptar los datos que éstos tienen, sin que los usuarios puedan acceder a ellos.

Son los nuevos piratas, que a cambio de restablecer el orden piden un rescate, pero con la singularidad de que el pago sea en bitcoins, ya que a diferencia del tradicional dinero que conocemos esta moneda cibernética es muy difícil rastrearla. De esta manera pueden chantajear permanentemente y en cualquier parte del mundo. Ni siquiera se sabe dónde están esos piratas, en medio de especulaciones –veraces o interesadas– que los sitúan en Corea del Norte o en Rusia.

La vulnerabilidad del sistema –quizás deberíamos escribirlo con mayúsculas– es tal que no se sabe con exactitud dónde está el malhechor.

Los expertos no aconsejan ceder al chantaje y pagar el rescate, pues no es posible garantizar que los datos vayan a ser devueltos

Los últimos estudios aseguran que al menos cuatro de cada diez empresas en Europa ya han sido víctimas de un ataque de ransomware. La cuestión es cómo reaccionar. Los expertos no aconsejan ceder al chantaje y pagar el rescate, pues no es posible garantizar que los datos vayan a ser devueltos, ya que ni siquiera acceden a éstos, sino que los encriptan para luego ofrecer los códigos que permitan su descodificación, como explica la secretaria del Concello de Vigo, Concepción Campos, en un análisis publicado en MUNDIARIO

Ante este estado de cosas, el que más y el que menos piensa en su información bancaria –¿volveremos a las libretas de las abuelas?– o sanitaria, pero también en sus asuntos jurídicos e incluso personales. Da la impresión de que todo es vulnerable, señal de que se ha puesto en evidencia la seguridad. Nuestra seguridad.

Claro que al tiempo que adquiere arraigo el problema surgen nuevos nichos de negocio, empezando precisamente por el de la seguridad. Microsoft ya avanzó que dedicará más de 1.000 millones de dólares a la lucha contra los hackers, y esto es solo el comienzo de enormes partidas de inversión para mejorar esa seguridad perdida. Por lo tanto, habrá empresas de estos sectores que recogerán en sus cotizaciones estas decisiones. Botones de muestra no faltan: ahí están los datos de valores como Nyearca Hack, con una revalorización del 18%, o de Nasdak Cibr con un valor de crecimiento del 15%. Por tanto, estamos ante un nuevo nicho de inversión a la vista. Pero, de momento, el problema es grave y cuando afecta al sector público, todavía más. El ejemplo más claro, la situación de los hospitales británicos tras el ciberataque.  @J_L_Gomez

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