La afiliación estival dispara el empleo: ¿crecimiento real o espejismo de temporada?

El empleo se dispara en junio con 76.720 nuevos afiliados y marca el mejor dato del mercado laboral desde 2018, sin contar la pandemia.
Un empleado de un restaurante. / RR. SS.
Un empleado de un restaurante. / RR. SS.

En una España que aún arrastra la pesada losa del desempleo estructural, junio ha vuelto a ser ese mes en el que, al calor del turismo y la actividad estacional, el mercado laboral saca músculo. Y esta vez lo ha hecho con fuerza suficiente como para inscribir un nuevo récord en la historia reciente: 21,86 millones de trabajadores afiliados a la Seguridad Social, medio millón más que hace un año. El crecimiento mensual de 76.720 ocupados, el mejor sexto mes desde 2018 si se excluyen los años alterados por la pandemia, ofrece una postal alentadora… pero también invita a preguntarse por la solidez real de estos avances.

A primera vista, la fotografía del empleo en España transmite dinamismo: los datos reafirman una tendencia positiva que se viene consolidando desde la entrada en vigor de la reforma laboral de 2022, cuya sombra es más larga de lo que muchos esperaban. Con un crecimiento del 9,4% respecto al nivel previo a la reforma, España se destaca entre las grandes economías europeas, por delante de Italia (+5,9%), Francia (+1,8%) y Alemania (+1,6%). La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, se muestra optimista y lanza un mensaje de continuidad: “Vamos por el buen camino”. Sin embargo, el buen camino no siempre es el más recto.

Porque el crecimiento tiene letra pequeña. No se puede ignorar que la explosión de empleo en junio responde a la lógica de una economía estacional, vulnerable a las sacudidas del calendario y demasiado dependiente del sector servicios. De acuerdo con El País, el turismo, el comercio y la hostelería actúan como motores temporales de un mercado que, llegado septiembre, vuelve a enfriarse. A la vez, sectores como la educación o el campo retroceden con contundencia, revelando una rotación cíclica más que una transformación estructural. ¿Qué pasará cuando pase la marea estival?

El incremento de 76.720 afiliados al régimen general se ve impulsado principalmente por el comercio (31.338 nuevos ocupados) y la hostelería (27.696), mientras que la educación se desploma con 56.592 empleos menos. Este vaivén se repite cada año, pero no por ello deja de resultar inquietante. La economía española parece funcionar como un acordeón que se expande y contrae según la temporada, lo que plantea dudas legítimas sobre la estabilidad y la calidad del empleo creado.

La cara y la cruz del empleo estacional

Baleares es el mejor ejemplo del impacto directo del turismo: en solo un mes, ha creado un 3% más de empleo. Cataluña suma más afiliados (24.177), pero con un incremento relativo menor, mientras que Andalucía pierde trabajadores por el desplome del sector agrario. A pesar de estos contrastes regionales, el resultado neto es positivo. Pero que sea positivo no implica que sea sostenible.

Lo mismo ocurre con la caída del paro: 48.920 personas menos registradas en junio suponen un descenso del 1,99%, mejor incluso que en los años anteriores. El desempleo juvenil también baja y se sitúa en su menor nivel histórico. Sin embargo, el elefante sigue en la habitación: España mantiene la tasa de paro más alta de Europa, con un 10,9% en abril. Una cifra que sigue siendo vergonzante para una economía que presume de récords y liderazgos.

Más trabajadoras que nunca, pero ¿más igualdad?

Uno de los datos más celebrados por el Gobierno es el máximo histórico de mujeres afiliadas: 10,33 millones, el 47,3% del total. Esta tendencia es indiscutiblemente positiva, pero todavía no garantiza que se cierre la brecha salarial ni que se repartan en igualdad las oportunidades de liderazgo o conciliación. El reto no es solo cuantitativo, sino profundamente cualitativo.

La afiliación diaria rozó los 21,95 millones el 17 de junio. Pero los expertos coinciden: alcanzar los 22 millones aún parece improbable este verano. La estacionalidad volverá a pasar factura. Septiembre traerá consigo una purga silenciosa en el mercado laboral, como ocurre cada año. Y aunque el Gobierno subraya que el crecimiento interanual se mantiene fuerte (un 2,2%, con 468.206 empleos más), también es cierto que ese ritmo se está desacelerando.

El otro gran punto flaco está en los autónomos, cuyo crecimiento intermensual es más modesto (+0,21%) y cuya evolución interanual (+1,04%) palidece frente a la de los asalariados. En un país que aspira a fomentar el emprendimiento y la economía digital, la figura del autónomo sigue sin recibir el impulso que necesita.

Los datos de junio invitan al optimismo, pero también a la prudencia. No basta con crecer; hay que hacerlo mejor. No basta con afiliar más personas; hay que crear empleo estable, diverso, bien remunerado y menos vulnerable a los caprichos del calendario. España está cerca de alcanzar los 22 millones de afiliados. El verdadero reto será mantenerse ahí cuando caigan las hojas del calendario. @mundiario

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