El Valencia sigue jugando con fuego: Dani Gómez salva a Baraja del abismo por ahora
El Valencia sigue sin ganar, pero al menos salvó un punto en un partido que parecía perdido. Dani Gómez, con un gol en el descuento, evitó el triunfo del Alavés y le dio un respiro a Rubén Baraja, que escuchó con fuerza el grito de "vete ya" desde las gradas de Mestalla. Sin embargo, el empate deja al equipo como colista en Navidad, sumido en una crisis que trasciende lo deportivo y señala también a la gestión de Peter Lim.
Durante gran parte del encuentro, el Valencia mostró por qué ocupa el último lugar en la tabla. Un equipo impreciso, sin ideas y desbordado por un Alavés que supo explotar su esquema de cinco defensas para neutralizar a los locales. Carlos Martín abrió el marcador tras una desatención defensiva, y el gol se convirtió en el detonante de la desesperación en Mestalla. Ni la lesión de Guridi ni la entrada de Stoichkov desestabilizaron al Alavés, que cerró la primera mitad con autoridad.
En la segunda parte, el guion no cambió. El Valencia, incapaz de generar peligro real, apenas inquietó a Sivera, mientras Kike García y Diarra lideraban las transiciones ofensivas del Alavés. Los penaltis, uno para cada equipo, marcaron los momentos clave del partido. Primero, Luis Rioja amplió la ventaja visitante tras una falta de Owono sobre Diego López. Después, Jordán transformó un penalti similar a favor del Alavés, que parecía sentenciar el encuentro.
Sin embargo, el Valencia encontró un destello de orgullo en el tiempo añadido, aprovechando los 11 minutos extra concedidos por Alberola Rojas. Fue en una jugada cargada de pundonor y poco fútbol donde Dani Gómez logró el empate, un gol que desató emociones encontradas en Mestalla: alivio por evitar la derrota, pero resignación ante una realidad que parece inmutable. El punto sirve de poco para un equipo que seguirá último, pero podría ser vital para Baraja, cuyo futuro depende ahora de Peter Lim.
El ambiente en Mestalla refleja el desgaste de un proyecto que no encuentra rumbo. La hinchada, enfadada con el entrenador y la directiva, parece resignada a un destino que apunta al descenso. Mientras tanto, el Alavés se va con la sensación de haber perdido dos puntos en un partido que tuvo controlado hasta el último instante. Mestalla, un estadio antaño mágico, vive ahora en silencio y con la incertidumbre de lo que traerá el próximo año. @mundiario


