Simeone acierta: el Atlético vuelve a ganar fuera y se reengancha a LaLiga

Dos goles de larga distancia de Giuliano y Baena le ponen en bandeja la victoria ante el Betis en La Cartuja.
El gol de Álex Baena ante el Real Betis. / www.atleticomadrid.com
El gol de Álex Baena ante el Real Betis. / www.atleticomadrid.com

Después del naufragio en Londres, donde el Atlético de Madrid encajó un doloroso 4-0 ante el Arsenal, pocos esperaban una reacción tan inmediata y contundente. Pero el fútbol, como la vida, es una cuestión de respuestas. Y Diego Pablo Simeone, el eterno comandante rojiblanco, ha vuelto a demostrar que su equipo, cuando se siente herido, sabe cómo levantarse. El 0-2 en La Cartuja no solo es un resultado, es una declaración de intenciones.

Porque ganar fuera de casa se había convertido en una quimera para este Atlético. La solidez del Metropolitano contrastaba con la fragilidad mostrada en campo ajeno. Pero en Sevilla, ante un Betis que no es precisamente un convidado de piedra, el Atlético firmó una actuación que rozó la excelencia táctica, la contundencia ofensiva y, sobre todo, la madurez emocional. Y eso, en gran parte, es mérito de Simeone.

El técnico argentino, convertido recientemente en abuelo, parece haber rejuvenecido su libreto. Apostó por Giuliano Simeone, su propio hijo, como si el fútbol le ofreciera una metáfora perfecta: sangre nueva para un equipo que necesitaba reinventarse. Y vaya si funcionó. Giuliano fue un vendaval por ambas bandas, un dolor de cabeza constante para la zaga bética, y abrió el marcador con un zurdazo que recordó a los mejores tiempos de su padre como jugador. El apellido Simeone volvió a gritarse con orgullo.

Pero no fue solo Giuliano. El Atlético tejió una primera parte capicúa, con gol al inicio y al final, este último obra de Álex Baena, otro de esos talentos que parecen haber entendido el gen competitivo que exige el Cholo. El equipo no solo golpeó primero, sino que supo resistir después. Porque el Betis apretó, sí, pero se topó con un Oblak que volvió a ser el de las grandes noches. Y cuando el físico empezó a pasar factura, el Atlético supo sufrir, cerrar líneas y dejar que el reloj hiciera su trabajo.

Acierto con los movimientos desde el banquillo

Simeone, criticado por sus cambios en otras ocasiones, esta vez acertó incluso en lo que no salió bien. La lesión de Barrios fue un revés, pero el ingreso de Gallagher mantuvo el equilibrio. Griezmann aportó pausa, y aunque Sorloth sigue sin convencer, el bloque resistió. Porque este Atlético, cuando se lo propone, sigue siendo un equipo incómodo, rocoso, letal a la contra. Y eso, en un campeonato tan largo como LaLiga, es oro puro.

Con este triunfo, el Atlético se instala en zona de Champions y reduce la distancia con el líder, el Real Madrid, a ocho puntos. No es un detalle menor, sobre todo considerando el contexto: una plantilla tocada, un vestuario en busca de certezas y un entrenador que, lejos de rendirse, ha sabido reinventarse con carácter y convicción.

Simeone ha demostrado que no solo sigue teniendo el pulso del vestuario, sino que también sabe cuándo y cómo dar un golpe sobre la mesa. Y si el Atlético logra mantener esta versión lejos del Metropolitano, que nadie lo descarte para pelear por todo. Porque cuando el Cholo acierta, el Atlético ruge. Y esta vez, rugió en Sevilla. @mundiario

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