El veredicto a Rubiales y su eco en el deporte

El expresidente no irá a la cárcel, pero sí deberá pagar 20 euros al día, durante 18 meses, como compensación a la futbolista.
Luis Rubiales, expresidente de la Federación. /  Instagram: mehdihazrati_officiall
Luis Rubiales, expresidente de la Federación. / Instagram: mehdihazrati_officiall

La final del Mundial femenino de 2023 en Sídney dejó una imagen imborrable: el beso no consentido de Luis Rubiales a Jenni Hermoso. Lo que comenzó como un gesto polémico en la entrega de medallas escaló hasta los tribunales. Como lo adelantó MUNDIARIO, la Audiencia Nacional ha hablado: 18 meses de multa por agresión sexual, con una cuota diaria de 20 euros. Sin cárcel, pero con la marca de una sentencia que resuena en el fútbol español.  

El fallo del juez José Manuel Fernández-Prieto no se queda en la multa. Prohíbe a Rubiales acercarse a menos de 200 metros de Hermoso o contactarla durante un año. Sin embargo, el expresidente de la Federación respira aliviado en parte: él, junto a Jorge Vilda, Albert Luque y Rubén Rivera, ha sido absuelto del delito de coacciones. La justicia dibuja así una línea entre el acto y sus supuestas secuelas.  

Las dos semanas de juicio en el Juzgado Central de lo Penal fueron un torbellino de declaraciones y tensiones. La Fiscalía pedía dos años y medio de cárcel para Rubiales: un año por agresión y el resto por coacciones. Para los otros acusados, la apuesta era alta, con solicitudes de un año y medio de prisión. El veredicto, sin embargo, suavizó el castigo y desmontó la acusación de presión sobre la jugadora.  

Rubiales no se rinde

Apenas se conoció la sentencia, el antiguo máximo ejecutivo de la Rfef anunció que la recurrirá ante la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional. “Seguiré peleando”, afirmó, desafiante, desde las puertas del juzgado. Su defensa sostiene que el beso fue un malentendido, no un delito, y busca revertir una condena que ha sacudido su legado al frente de la Federación. 

Con casi total seguridad, este no será el final de un que ha trascendido el banquillo judicial y plantea preguntas incómodas al deporte rey. Jenni Hermoso, convertida en símbolo involuntario, ve su voz respaldada por la justicia, aunque solo en parte. Mientras Rubiales apela, el fútbol español observa cómo un instante en Sídney, que debió ser recordado eternamente con alegría y felicidad,  sigue redefiniendo poder, consentimiento y consecuencias. La pelota, ahora, está en el tejado de la Sala de lo Penal. @mundiario

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