El Real Madrid de Arbeloa se hunde en su propio vacío
El Real Madrid volvió a tropezar, esta vez frente al Getafe, y lo que más preocupa no es la pérdida de puntos sino la sensación de vacío que transmite el equipo. Cuatro puntos con el líder en marzo no son definitivos, pero el fútbol que despliega el conjunto blanco sí lo es: plano, sin chispa y con un Bernabéu que ya no aguanta más. No hubo bronca, hubo hartazgo, el mismo que se respiró hace unos días ante el Benfica pese a la victoria.
El problema no es un mal día ni un planteamiento puntual. Es una constante que se repite semana tras semana: el Madrid no juega a nada. Vive de arreones aislados, de la inspiración de Vinicius y de lo que alguna vez fue el gol de Mbappé, pero colectivamente carece de estructura. Contra Osasuna ya se vio, y contra el Getafe se confirmó: este equipo tiene muy poco.
Sí, pudo empatar. Hubo ocasiones, disparos que rozaron el palo, balones sueltos en el área y paradas de mérito de David Soria. Pero el Bernabéu ya no se deja convencer por el discurso del “merecimos más”. La realidad es que jugando así, si no se escapa la Liga ahora, se escapará más adelante. El problema no es el marcador, es la falta de fútbol.
La volea de Satriano fue un golpe de realidad. Un golazo que se recordará por su belleza, pero que también simboliza la fragilidad de un Madrid incapaz de reaccionar. Mientras tanto, las decisiones de Arbeloa, como el cambio de Thiago, fueron recibidas con pitos, reflejo de un público que exige más y que no se conforma con ver cómo su equipo se arrastra sin rumbo.
El hartazgo es el verdadero enemigo del Madrid. No son los cuatro puntos de distancia ni los rivales de la Liga, es la sensación de que el equipo no tiene identidad. El Bernabéu no pide milagros, pide fútbol. Y mientras no lo encuentre, cada derrota, cada empate y cada victoria sin brillo seguirán alimentando la misma conclusión: este Madrid no juega a nada, y eso es lo que más duele. @mundiario


