Los malos antecedentes de Idiakez en Zaragoza y Leganés se repiten en A Coruña
El Deportivo de La Coruña, ahora en Segunda División, es el noveno club español en conseguir un título de Liga entre los 61 equipos que en algún momento han alcanzado la máxima categoría, a lo que suma dos Copas del Rey, una Copa de España y tres Supercopas de España. A nivel continental, ha disputado cinco ediciones de la Copa UEFA / Liga Europa, una de la Recopa de Europa y cinco de la Liga de Campeones, consecutivamente entre 2000 y 2005, alcanzando las semifinales en 2004 y siendo el sexto club español con más participaciones en la competición. Salvo la Copa de España, todo ello en la etapa de la presidencia de Augusto César Lendoiro. Actualmente, el Dépor es propiedad de Abanca, que apuesta de manera decidida por su recuperación para devolverlo a Primera División. Pero las cosas esta temporada no están pintando nada bien, sino más bien todo lo contrario, fruto de las decisiones adoptadas por técnicos sin apenas experiencia en el fútbol profesional de alto nivel.
Este histórico del fútbol español enfrenta un comienzo de temporada que no solo está lejos de las expectativas, sino que parece un calco de situaciones pasadas que auguran tiempos difíciles. Ahora en Segunda División, el equipo coruñés arrancó la temporada con uno de los mayores topes salariales de la categoría y con una gran cantidad de fichajes. Sin embargo, tras seis jornadas, solo ha logrado sumar cuatro puntos de 18 posibles, acumulando cuatro derrotas y ocupando puestos de descenso. Un arranque desastroso para un equipo que, en teoría, debería estar compitiendo por los primeros puestos.
A pesar de la inversión realizada por Abanca en fichajes, lo más preocupante es que las principales figuras del equipo siguen siendo los jugadores de la cantera, dos o tres chavales. Mientras que los refuerzos parecen no haber dado el salto de calidad necesario, los canteranos continúan cargando con la responsabilidad. Esto pone en evidencia una gestión deportiva encomendada a Fernando Soriano, quien, a pesar de contar con recursos, no ha sabido articular un proyecto sólido. Cuando menos, debería hacer un poco de autocrítica.
No menos responsable de esta situación es Imanol Idiakez, el técnico que está al frente del equipo. Su historial en la categoría de plata ya es conocido, y no precisamente por sus buenos resultados. Tanto en el Zaragoza como en el Leganés, el técnico guipuzcoano vivió experiencias que se asemejan mucho a la que está viviendo en el Deportivo. En su paso por Zaragoza, firmó el peor arranque de liga del equipo en Segunda División y fue cesado tras una racha de seis jornadas sin ganar, sumada a una eliminación en la Copa del Rey. En Leganés, la historia fue similar: dejó al equipo más cerca del descenso que del ascenso tras una crisis de resultados que lo llevó a sumar solo dos puntos en los últimos 24 posibles. Nadie puede negarle su buen talante ni su sinceridad al valorar la situación, pero con eso no basta.
El Deportivo es el Deportivo...
Con este historial, es difícil no preguntarse si el Deportivo de La Coruña no estaba al tanto de estos antecedentes antes de renovar a Idiakez en Segunda División. La afición, que siempre ha sido fiel y apasionada, empieza a perder la paciencia. Las dudas sobre si el técnico es el adecuado para liderar el proyecto no son infundadas, y el fantasma de una destitución ya ronda por las gradas de Riazor. La dirección del club se encuentra en una encrucijada: ¿dar continuidad a un proyecto que muestra señales de debilidad o cortar por lo sano antes de que sea demasiado tarde?
Es cierto que el fútbol está lleno de historias de segundas oportunidades y remontadas inesperadas. El Deportivo puede aún redirigir su rumbo, pero para ello se necesitan cambios urgentes en el planteamiento y una mayor solidez en el juego. La esperanza reside en que Idiakez, con el respaldo adecuado y ajustando lo que hasta ahora no ha funcionado, logre sacar al equipo de la crisis. Sin embargo, los antecedentes del técnico no son alentadores, y el club no puede permitirse dejar pasar demasiadas jornadas antes de tomar decisiones drásticas.
El Deportivo no es cualquier equipo. Su historia, su afición y su infraestructura le exigen estar en la élite o, al menos, pelear por ella. Por eso, es esencial que el consejo actúe y no se conforme con el simple paso del tiempo como solución. El fútbol, como bien se sabe, no espera a nadie. En un campeonato tan competitivo como la Segunda División, cualquier tropiezo prolongado puede costar caro. Y para un club que ha visto la gloria en épocas pasadas, volver a caer a las profundidades del fútbol español no es una opción.
La afición blanquiazul merece más. La historia del Deportivo demanda un equipo competitivo que pueda, al menos, luchar por el ascenso. Y aunque los milagros son posibles en el deporte, en este momento el club no puede depender de ellos. Las decisiones deben tomarse de manera racional y a tiempo, antes de que la temporada se convierta en otra oportunidad desperdiciada.
Datos más que reveladores
En realidad, lo que está sucediendo en A Coruña con Idiakez no supone nada nuevo bajo el sol. Cosas muy parecidas ya las vivió Idiakez en Zaragoza y en Leganés, sus otras dos experiencias en la misma categoría.
La mala imagen del Real Zaragoza en seis jornadas sin ganar más una derrota en Copa ya habían sido una losa demasiada pasada para Idiakez, que firmó el peor inicio del cuadro maño en Segunda División. Fue cesado.
La misma historia se repitió en el Leganés. El técnico guipuzcoano dejó el equipo a cuatro puntos del playoff, a diez del ascenso directo y a solo dos del descenso. Fue destituido después de sumar sólo dos puntos de los últimos 24 en una racha que no se veía en el Leganés desde hacía 30 años.
Se supone que el Deportivo es consciente de todo ello a la hora de tomar medidas antes de que sea demasiado tarde, aunque también cabe encomendarse a los milagros. @mundiario



