LeBron y Doncic no pueden sostener un equipo que se derrumba sin remedio
Los Lakers se han convertido en su peor enemigo. La derrota ante los Bulls, desperdiciando una ventaja de 20 puntos en el último cuarto, es solo el último episodio de una temporada marcada por la inestabilidad. Ni LeBron ni Doncic pueden evitar el derrumbe de un equipo que parece descomponerse en el momento clave. El talento está ahí, pero la química y la gestión de los partidos brillan por su ausencia.
La imagen final del partido fue desoladora. Reaves intentó salvar la noche con acciones heroicas, pero un triple de Giddey sobre la bocina dejó a los angelinos hundidos. Cuatro derrotas en los últimos cinco partidos no son una casualidad, sino un síntoma claro de que algo no funciona. En un equipo que aspira a lo más alto, esta debilidad mental es inaceptable.
LeBron sigue acumulando asistencias, pero su impacto ya no es el de antes. Doncic, a pesar de sus números, no ha conseguido darle al equipo la consistencia necesaria para ser candidato al anillo. Las piezas no encajan y los ajustes llegan tarde. Los Lakers no solo pierden partidos, sino que dejan escapar ventajas que deberían ser definitivas.
El problema no es solo defensivo, aunque permitir 20 puntos en un cuarto lo dice todo. También es una cuestión de liderazgo y de identidad. ¿Quién manda en estos Lakers? ¿Es un equipo de LeBron o de Doncic? Sin una jerarquía clara, la sensación es de un grupo talentoso pero sin rumbo, incapaz de cerrar partidos que deberían ganar con autoridad.
Aún hay tiempo para reaccionar, pero la tendencia es preocupante. Los playoffs están a la vuelta de la esquina y los Lakers siguen sin ser un equipo fiable. En la NBA, el talento gana partidos, pero solo la cohesión gana campeonatos. Y ahora mismo, los Lakers tienen lo primero, pero carecen por completo de lo segundo. @mundiario


