La insoportable levedad del fútbol y la paupérrima existencia de la lectura y su objeto, el libro

Viñeta de Forges / El País.
Viñeta de Forges / El País.
El día del libro tuvo que competir en protagonismo con un partido de fútbol (el partido del siglo nº 1000, supongo). El libro sí previene enfermedades y hace viajar al lector a mundos desconocidos.
La insoportable levedad del fútbol y la paupérrima existencia de la lectura y su objeto, el libro

A grandes trazos, que todavía es domingo, tenemos un calendario de partidos que solo permite a quien le preocupa el tema ocuparse de ello y de cuatro o cinco asuntos más. La crisis también nos ha traído aspectos sorprendentes de este deporte, la mayoría de los clubes de primera división tienen deudas astronómicas con la hacienda pública y con entidades financieras . Nada se sabe de que se vaya a producir algún desahucio. Se conocen nuevos plazos, instituciones públicas que se muestran preocupadas y atentas al recate. Nada se conoce tampoco sobre los efectos beneficiosos de la contemplación pasiva del deporte citado, si aumenta la capacidad cognitiva, la memoria, si retrasa la aparición de alguna dolencia. Cada partido supone movilizar agentes del orden público en cantidades importantes. Se diría que hay que velar por el acontecimiento.

El libro es una actividad que cuenta con un programa de 50' semanales en televisión, Página 2, más algún otro como La Mitad Invisible (cuando se ocupa de indagar en la zona menos visible de alguna obra literaria ). Los sábados los grandes periódicos dedican un suplemento de cultura donde el libro se lleva una parte. El día del libro tuvo que competir en protagonismo con un partido de fútbol (el partido del siglo nº 1000 , supongo). Existe una red de bibliotecas públicas donde los ciudadanos pueden acercarse a la lectura del libro , la prensa, revistas y soportes audiovisuales.

No tengo las cifras, pero salta a la vista que la lectura es una actividad marginal, que no cuenta con el interés mediático (un diario Marca o As de los libros, que necesario sería ) ni moviliza a los ciudadanos en masa cada fin de semana a ningún lugar específico donde algún astro de la lectura y la escritura nos deslumbre con sus habilidades.

El libro si previene enfermedades , altera para bien las capacidades cognitivas, hace viajar al lector a mundos desconocidos.

En épocas de crisis, donde se invoca al fútbol como anestesia general que permite sobrellevar tantos sufrimientos, conviene recordar y recetar el libro como medicamento que no debe faltar en todos los hogares y a los que el ciudadano debería acudir como si de un analgésico se tratara, o un antibiótico de amplio espectro. Aunque también se lo podría considerar un sofisticado tratamiento de la medicina oriental, una suerte de acupuntura con alfabeto en vez de agujas. Algunas palabras curan, silenciosas, sin pedir nada a cambio, sin reclamar el aplauso de la multitud.

La insoportable levedad del fútbol y la paupérrima existencia de la lectura y su objeto, el libro
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