Historias del deporte: el hombre que ganó una maratón olímpica descalzo

Abebe Bikila cruza la meta en la maratón de Roma.
Abebe Bikila cruza la meta en la maratón de Roma.

Los Juegos Olímpicos de Roma presenciaron un momento histórico cuando el etíope Abebe Bikila cruzó la meta de la carrera emblema de la competición sin zapatillas.

Historias del deporte: el hombre que ganó una maratón olímpica descalzo

MUNDIARIO presenta Historias del Deporte, una serie exclusiva dedicada a relatar grandes hazañas o hechos olvidados en el mundo del deporte. Hasta ahora se han cubierto las historias de Jackie Robinson y los Philadelphia Warriors. El tercer episodio es para Abebe Bikila, un fondista etíope que ganó dos medallas de oro en la maratón olímpica, siendo el primero en lograro. La primera, la ganó descalzo, y la segunda, tras una operación de apendicitis.

El nombre de Abebe Bikila no figura en el catálogo popular de nombres de atletas famosos. Nació en Jato, Etiopía en 1932 y falleció en Addis Adeba, capital del mismo país en 1973. Bikila practicó el fondismo durante muchos años y llegó a ganar dos maratones olímpicas, pero fue la primera de ellas la que le ganó un espacio en la historia deportiva.

Su gusto por las carreras empezó a muy temprana edad, mas nunca llegó a considerar dar el siguiente paso, es decir, convertirse en un auténtico corredor. Su mente cambió cuando fue al Palacio del emperador Haile Selassie I para ver desfilar a un grupo de individuos de su mismo país. Se trataba de los atletas etíopes que venían de participar en los Juegos Olímpicos de Melbourne de 1956. Para entonces, Bikila era miembro de la Guardia Imperial, por lo que la idea de honrar a su país con su pasión le resultó más que atractivo.

A partir de ahí inició su emprendimiento como atleta. El emergente deportista empezó a ganar pequeñas pruebas de fondo y rompiendo récords en las competiciones internas de las Fuerzas Armadas, incluida la maratón. No obstante, todos sus triunfos y hazañas se quedaban dentro de las fronteras etíopes, por lo que inicialmente no fue elegido para acudir a los Juegos Olímpicos de Roma, celebrados en 1960. No obstante, tiempo después, uno de los integrantes del equipo de maratón sufrió una lesión jugando al fútbol, por lo que las autoridades del deporte eligieron a Bikila como su sustituto.

Así, de no ser considerado para la legión olímpica sería llamado de emergencia y terminaría por escribir una de las grandes hazañas olímpicas de siempre.

La maratón que cambió su vida

La maratón, el evento con el que cierran siempre los Juegos Olímpicos, se corrió en la ciudad de Roma el 10 de septiembre de 1960. La marca alemana Adidas era la patrocinadora oficial del máximo evento deportivo del mundo y como tal se encargó de proveer con calzado a los maratonistas. No obstante, la marca no contaba con ningún par de zapatillas que calzaran en los enormes pies de Bikila. La carrera estaba literalmente a punto de empezar, por lo que al etíope no le quedó otra opción que correr descalzo. “Quería que el mundo supiera que mi país, Etiopía, ha ganado siempre con determinación y heroísmo”, explicó el atleta.

El mundo entero veía sorprendido a un hombre que corría con los pies al descubierto en nada menos que la carrera más importante del mundo del deporte, que encima de todo se corría sobre las empedradas calles de la Ciudad Eterna. Bikila aguantó el ritmo pese a su situación y llegó a los últimos tres kilómetros de la competencia en un intenso mano a mano con Rhadi Ben Abdesselam, fondista de Marruecos que partía como el gran favorito.

Cuando los dos fondistas africanos llegaron al punto del obelisco de Axum, que había sido tomado de Etiopía por el régimen de Mussolini, Abebe aceleró para llegar a la meta en soledad, estableciendo de paso una plusmarca mundial de 2 horas, 15 minutos y 16 segundos. Aquel atleta desconocido, llamado de última hora y descalzo, asombraba al mundo entero y dejaba una imagen para el recuerdo.

Juegos Olímpicos de Tokio

Por si su hazaña en Italia no fue suficiente, Bikila volvió a hacer historia cuatro años después, cuando ganó la maratón de Tokio 1964. Esta vez sí tuvo zapatos para correr, pero compitió apenas mes y medio después de haber sido operado por una apendicitis, una cirugía que condicionó su preparación y su estado físico para esta competencia. Fue el primer atleta en ganar dos veces consecutivas la maratón olímpica, hazaña que solo volvió a ser repetida por Walder Cierpinski, fondista alemán que ganó el oro en Montreal 1976 y Moscú 1980.

Su racha terminaría en el 68, para la justa olímpica hospedada por México. Tenía para entonces 36 años. Unas molestas en su rodilla y la altura de la Ciudad de México (para entonces México, Distrito Federal) lo forzaron a abandonar la competencia en apenas 15 kilómetros. Fue también la última vez que compitió de forma oficial.

Su trágico final

En 1969, sufrió un accidente mientras manejaba un Volkswagen que le había regalado el Gobierno tras su éxito en Tokio. El lamentable hecho, por querer evitar golpear a un grupo de estudiantes durante una manifestación, le dejó parapléjico de por vida, una situación de la que nunca renegó. “Los hombres de éxito conocen la tragedia. Fue la voluntad de Dios que ganase en los Juegos Olímpicos, y fue la voluntad de Dios que tuviera mi accidente. Acepto esas victorias y acepto esta tragedia. Tengo que aceptar ambas circunstancias como hechos de la vida y vivir feliz”, llegó a decir en su momento.

Su última gran aparición en público fue para los Juegos Olímpicos de Múnich de 1972. El mundo contemplaba a aquel gran héroe de las carreras en silla de ruedas, una postal demoledora para el mundo del deporte. El estadio olímpico le ovacionó con todas sus fuerzas, siendo esa también su despedida. Un año después, fallecía a causa de una hemorragia cerebral como producto de los perennes efectos de su fatídico accidente. Fue despedido por 65.000 personas, incluido el emperador Haile Selassie I.

Esa fue la historia de un corredor que puso a África en el mapa deportivo. Hasta antes de su hazaña en Roma, el continente apenas destacaba, a la sombra de los atletas europeos, estadounidenses y asiáticos. Su lucha y su imagen recorriendo las calles de una de las ciudades más veneradas del mundo sirvieron como ejemplo e inspiración para nuevas generaciones en aquellos países africanos, de los que hoy en día vienen muchos de los mejores fondistas a nivel mundial.

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