El Belmonte tumba al Celta en una noche copera inolvidable

Borja Iglesias no basta y el Alba firma la gesta desde los once metros.
Una imagen el partido entre el Albacete y el Celta en el Belmonte. /  @rccelta
Una imagen el partido entre el Albacete y el Celta en el Belmonte. / @rccelta

El estadio Carlos Belmonte se confirmó como una trampa y el Celta terminó cayendo en ella. El conjunto vigués comprobó en carne propia que la Copa del Rey no entiende de jerarquías ni de nombres propios, como lo demuestra su eliminación pese a llegar lanzado en LaLiga, donde había derrotado al Real Madrid en el Bernabéu por primera vez en 19 años.

Desde el primer minuto, el Alba mordió. Jefté Betancor castigó a un Celta plano y sin colmillo, y el estadio se convirtió en un hervidero. La primera parte fue un monólogo local: orden defensivo, intensidad y un rival que apenas inquietó a Lizoain. El guion parecía escrito para una sorpresa.

El descanso trajo un giro con Borja Iglesias. El “Panda” cambió el aire del partido, el Celta empujó y encontró el empate gracias a Yoel Lago. Incluso llegó el golazo de Iglesias, un control imposible y una definición de delantero puro que parecía sentencia. Pero la Copa siempre guarda un último giro: Vallejo, sobre la bocina, devolvió la locura al Belmonte y forzó la prórroga.

El tiempo extra fue un pulso de desgaste. El Celta quiso evitar los penaltis, pero le faltaron piernas y claridad. Jutglà, Ilaix y compañía chocaron una y otra vez contra Lizoain y contra el destino. Desde los once metros, el Alba fue implacable y el Celta se derrumbó. Los fallos de Mingueza, Hugo Álvarez y Aspas sellaron la noche.

Lo ocurrido en Albacete es la esencia de la Copa: un torneo que no respeta jerarquías, que convierte escenarios modestos en templos de epopeya y que recuerda que el fútbol no siempre premia al más poderoso, sino al que más cree. El Belmonte vivió otra noche eterna y el Celta, otra lección de humildad.@mundiario

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