Baraja es víctima de una crisis estructural

El entrenador paga por años de mala gestión. Pensar que un sustituto arreglará todo es como tratar de detener una inundación con los dedos.
Rubén Baraja, entrenador del Valencia. /  @valenciacf
Rubén Baraja, entrenador del Valencia. / @valenciacf

El Valencia vuelve a mirar al banquillo como solución inmediata a su crisis, esta vez con Rubén Baraja en la cuerda floja. La derrota ante el Valladolid ha encendido todas las alarmas en Mestalla, y el club ya estudia un relevo que parece inevitable. Pero más allá de los errores del entrenador, la pregunta que debería hacerse la afición es si un cambio de técnico puede realmente revertir una situación que tiene raíces mucho más profundas.  

La gestión de Peter Lim desde Singapur sigue siendo el mayor lastre del Valencia. Desde que tomó el control del club, el modelo deportivo ha carecido de rumbo, centrado en la venta de activos y sin una planificación coherente a largo plazo. El resultado: un equipo debilitado, incapaz de competir tal y como lo exige su historia, y una plantilla que parece desbordada, sin líderes ni un proyecto claro que seguir.  

Rubén Baraja, leyenda del club y ahora técnico, ha sido el rostro visible de una etapa llena de dificultades, pero culparlo por completo es simplista. Ningún entrenador puede trabajar con garantías si cada temporada se desmantela el equipo, si el presupuesto está sujeto a las decisiones de un máximo accionista más pendiente de los balances que del césped. La rotación constante de técnicos es la consecuencia lógica de un modelo insostenible.  

Es cierto que el mercado ya ofrece nombres como Quique Sánchez Flores o Sergio González como posibles relevos, como lo destaca el diario As, pero esto no resuelve el problema de fondo. El Valencia necesita algo más que otro parche: un cambio estructural que pase por un modelo deportivo profesionalizado, con independencia de la dirección financiera y que priorice el rendimiento deportivo. Sin eso, cualquier técnico, por bueno que sea, acabará enfrentándose a las mismas limitaciones.  

El tiempo se agota para el Valencia, pero no solo en lo deportivo. Cada decisión de Peter Lim parece alejar al club un poco más de su identidad, dejando a una afición fiel atrapada entre la resignación y la impotencia. Cambiar a Rubén Baraja puede dar un respiro temporal, pero mientras Peter Lim mantenga su enfoque actual, el horizonte seguirá siendo gris para un equipo que merece mucho más. @mundiario

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