El Atlético regala en Brujas: del 0-2 al 3-3 y la Champions pasa factura
El Atlético salió en Brujas con el plan que siempre le ha dado sentido en Europa: orden, colmillo y castigo. Y durante un rato pareció incluso sencillo. Penalti, Julián, 0-1. Y justo antes del descanso, el golpe psicológico: Lookman, 0-2. Dos zarpazos de Champions en un estadio que no perdona, con Koke mandando y Griezmann rebajando el caos.
El problema es que este Atlético, últimamente, no se conforma con competir: necesita complicarse la vida. En cuanto el Brujas entendió por dónde estaba el agujero, el partido se inclinó como una cuesta hacia Oblak. Diakhon insistió, Tzolis apareció, y por esa banda donde Giuliano y Nahuel nunca llegaron a ajustarse, el equipo rojiblanco empezó a desordenarse.
Lo inadmisible no es empatar. Lo inadmisible es empatar dos veces cuando has tenido la eliminatoria en la mano. Onyedika y Tresoldi no hicieron magia: aprovecharon regalos. Balones perdidos donde no se pueden perder, espacios concedidos donde no se pueden conceder, y un Atlético que se fue deshaciendo por dentro mientras el marcador gritaba lo que el juego ya avisaba.
Simeone reaccionó con Baena y Sorloth, buscando músculo y una salida más directa. Y el noruego, en un resumen perfecto de su temporada, tuvo varias y no cerró ninguna con la autoridad que se le presupone. El 2-3 llegó por un autogol de Ordóñez, casi como una broma del destino: el Atlético no marcaba, pero el Brujas sí, incluso en su propia portería.
Y cuando parecía que el equipo había encontrado la ventaja definitiva, llegó el último pecado. Con el reloj muriendo, el Atlético permitió una transición impropia, una de esas que en Champions se pagan con intereses. Tzolis cruzó el balón, el 3-3 cayó como una losa, y el partido dejó una sensación brutal: el Atlético no empató, se dejó empatar.
La eliminatoria queda abierta, sí. Pero el mensaje es demoledor: el Atlético sigue sin controlar su propia versión. Si en el Metropolitano quiere estar en octavos, tendrá que ser un equipo serio de principio a fin, no un generador de incendios. Porque la Champions perdona poco… y el Atlético, en Brujas, se empeñó en regalarlo todo. @mundiario


