El Atlético busca la épica ante Botafogo para seguir con vida en el Mundial

El campeón de la Libertadores, rocoso y letal al contragolpe, será la última muralla para el equipo del Cholo.
Escudos del Atlético de Madrid y del Botafogo. /   Composición
Escudos del Atlético de Madrid y del Botafogo. / Composición

En la ciudad donde los sueños de película se proyectan en pantallas gigantes, el Atlético llega con la necesidad de escribir un guion heroico. En Los Ángeles, con calor atenuado, pero la presión multiplicada, el equipo del Cholo Simeone se mide a Botafogo con la obligación de ganar por tres goles o más. No hay margen de error. El empate entreel  PSG y Seattle ya no sirve de nada si no se firma una goleada. El Atleti, una vez más, al borde del abismo.

El golpe del 4-0 ante los parisinos ha dejado una cadena en los tobillos rojiblancos. Para avanzar a octavos necesita algo más que entrega: necesita eficacia, puntería y, quizás, algo de ayuda divina. El triple empate entre europeos y brasileños ha transformado el grupo en una trampa matemática donde solo cabe el atrevimiento. Simeone lo sabe. Y por eso prepara a los suyos para una noche de cuchillos largos, de esas que tanto identifican al Atleti más genuino.

Habrá cambios mínimos, pero claves. Lenglet regresará al once en lugar del lesionado Giménez. En ataque, la confianza está puesta en que Sorloth y Julián encuentren el arco rival, algo que les ha faltado en partidos anteriores. La climatología será más benévola, pero el reto táctico sigue intacto: abrir una defensa férrea y organizada, la misma que dejó a Luis Enrique sin respuestas y a Mbappé sin aire. El Botafogo de Renato Paiva es una roca: cemento atrás, zarpazo delante.

El bloque brasileño no concede, espera y castiga. Su 4-3-3 no solo bloquea, también lanza a Igor Jesús como una amenaza permanente. Barboza en la zaga, John en la portería, y ayudas constantes en banda hacen de este Fogão una versión americana del Atleti más primitiva: aguerrido, sacrificado, blindado. No es casualidad que Luis Enrique lo definiera como el mejor equipo defensivo que ha enfrentado esta temporada. No lo dijo para halagar: fue un aviso.

Y así, en la ciudad de Loquillo y los sueños duros, el Atlético se enfrenta a sí mismo. A su historia, a su presente, y a una posibilidad que, aunque remota, siempre parece posible cuando juega este equipo. Las hogueras de San Juan aún humean, y el fuego de la épica está encendido. Si el Atleti quiere seguir bailando en este Mundial, deberá hacerlo al ritmo que siempre lo ha definido: el del más difícil todavía. @mundiario
 

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