La Virgen de los Mareantes: el secreto bajo su manto

La Madre Divina aparece con un gesto acogedor que, elevándose sobre los mares, extiende su manto protector y concentra todo su interés sobre las figuras de los mareantes para salvaguardarlos de los peligros del océano.
Virgen de los Mareantes. / RR SS.
Virgen de los Mareantes. / RR SS.

Ante la Virgen de los Mareantes, llamada así en clara alusión a los que profesan el oficio de la marinería, también conocida como del Buen Aire, se encomendaban los marineros españoles antes de comenzar sus travesías, rogando “buenos aires” que hincharan sus velas.

Se trata de un retablo pintado por Alejo Fernández entre 1531 y 1536. Su autor es considerado el pintor que introduce el Renacimiento en Sevilla.

La obra fue realizada para la capilla de la Casa de la Contratación de Sevilla, encargada por los oficiales de ésta. El retablo fue instalado en la Sala de Audiencias, de manera que la habitación sirviera tanto de capilla como de lugar de reunión de oficiales y cosmógrafos.

En su parte central muestra a la Virgen, de un tamaño colosal. En sus calles laterales encontramos cuatro figuras que son: San Sebastián; Santiago, en su versión mata moros; San Juan Evangelista; y San Telmo, el patrón de los marineros, por ello se le ha representado con una nao en la mano.

La obra representa a la Virgen amparando la navegación y a sus gentes. A partir del Descubrimientos y sus consiguientes viajes, no exentos de peligros, la devoción a la Virgen María por parte de los católicos se intensificó, al ser considerada como símbolo de maternidad y, por consiguiente, de protección. Como prueba de ello encontramos las lámparas de plata americana donadas por estos mareantes a la Virgen de la Antigua, en la Catedral de Sevilla, como agradecimiento por regresar “sanos y salvos” de su tornaviaje por el Atlántico.

La Madre Divina aparece con un gesto acogedor que, elevándose sobre los mares, extiende su manto protector y concentra todo su interés sobre las figuras de los mareantes para salvaguardarlos de los peligros del océano. El gran tamaño de la Virgen frente al de las empequeñecidas embarcaciones, representadas a través de los diferentes tipos de navío que poseía la flota española del siglo XVI, crea la ilusión óptica de que éstas se alejan de nuestra mirada al internarse en la profundidad de las aguas.

Entre las figuras acogidas bajo el manto, y apoyados sobre nubes, vemos a una serie de personajes ilustres relacionados con el Descubrimiento. Entre ellos, y tal y como expone el artículo “Alma mater hispalense” de la Universidad de Sevilla, las figuras podrían corresponderse con: “(…) arrodillados a la derecha de la Virgen, Fernando el Católico, en primer término, y el obispo Fonseca y el canónigo Sancho de Matienzo, en segundo plano; y los de su izquierda, Cristóbal Colón, el inmediato a la Virgen, y tres de los cuatro pilotos que asistieron a la Junta de Burgos: Américo, Yáñez Pinzón y Juan de la Cosa o Solís”. En realidad, las identificaciones de los personajes son un tanto discutidas y algunas son inadmisibles, como es el caso de Fernando el Católico y de Matienzo, de quienes se poseen retratos fidedignos.

Nos encontramos ante una obra singular. A sus méritos artísticos debemos aunar su elevado interés histórico puesto que en este retablo encontramos el primer testimonio artístico del Descubrimiento de América.

Como si lo anterior no fuese ya bastante importante, aún hay un dato más que pone de manifiesto la relevancia de la obra. María, tal y como se ha descrito, protege con su manto a los españoles, pero si miramos más detenidamente bajo éste, podemos observar el secreto que resguarda: unas figuras orantes situadas en primera fila junto ella. Estas figuras orantes son la primera representación, en la historia de Europa, de nativos de América, guarecidos bajo el manto bienhechor de la Virgen, al igual que el resto de los protagonistas, como un español más. La razón es simple, los habitantes de las provincias de ultramar eran súbditos de España y, por tanto, españoles.

Según “La sombra de la leyenda negra en la Historia general de Virginia de John Smith”, de la Universidad Eric Griffin Millsapas, esta pintura “puede ser la afirmación más plena de la ideología española oficial, que podría llamarse la Leyenda Blanca de la Elección Imperial de España”.

Los indígenas han sido bautizados, por ello se encuentran arrodillados ante la Virgen, en oración y devoción a ella. La importancia del bautismo para los católicos radica en la necesidad del mismo para la salvación del Alma, según Juan 3:5, Jesús dijo “Yo te aseguro que quien no nazca de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios”. En las Bulas Alejandrinas, el Papa Alejandro VI impone a Castilla el requisito ineludible de “mandar hombres allí con la misión de evangelizar” para poder reclamar como propios los territorios descubiertos. El 14 de junio de 1993, el Papa Juan Pablo II vistió el Monasterio de la Rábida y, ante la misma Virgen a la que rezó Colón 500 años antes, la Virgen de los Milagros, se postró diciéndole: “Vengo a darte las gracias por cinco siglos de evangelización”. @mundiario

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