Vanitas y la duración del tiempo en la obra de Paula Grazzini

“Viento en el lago”. Paula Grazzini
“Viento en el lago”. / Paula Grazzini

 Al principio llama la atención el virtuosismo técnico, pero a medida que nos vamos aquietando, la sensibilidad atraviesa la materia del lienzo y nos conecta con algo raro, desconocido. Y a la vez, sofisticado.

Vanitas y la duración del tiempo en la obra de Paula Grazzini

En San Isidro (Provincia de Buenos Aires) hay una casona antigua que se abre para los amigos. Para esos que amamos el arte en todas sus formas. En un subsuelo inesperado está la Galería Jacques Martínez, y la anfitriona es Clarita Martínez Autin que nos permite que le asaltemos su casa como si fuera nuestra. El sábado pasado armó una “ñoquiada” en uno de los mediodías más fríos del junio argentino. Siempre hay equipo. Nos servimos los ñoquis en la cocina, nos los llevamos a mesas en grupo o solos, con una buena copa de vino, y se armó la tertulia. Hasta los perros forman parte. Juegan en el jardín o deambulan entre los amigos.

En un momento vamos todos abajo donde reinan seis obras de Paula Grazzini; cada una en un espacio elegido, con la luz ideal. Al principio nos llama la atención su virtuosismo técnico, pero a medida que nos vamos aquietando, la sensibilidad atraviesa la materia del lienzo y nos conecta con algo raro, desconocido. Y a la vez, sofisticado.

Paula es un ser hermoso, inocente de su grandiosidad. Sus ojos tienen la profundidad del misterio de su obra. Sus manos son pequeñas y no parecen responsables del resultado de sus pinceles. Nació en 1978 en Rosario, Provincia de Santa Fe. Se licenció en Bellas Artes. Participó de exposiciones individuales y grupales en distintos lugares del mundo. Obtuvo importantes premios y becas que no vienen a cuento enumerar. Porque Paula no necesita  de sus títulos para producir el impacto que nos sobresalta al detenernos frente a cada uno de sus cuadros.

La duración del tiempo

Inevitable el tema del la duración del tiempo: ¿Cuánto dura el placer estético? ¿Cuál es la calidad del instante que nos arroba al mirar un cuadro? ¿Cómo nos afecta la pintura cuando sus sentidos evocan mundos que parecen reales pero hay un contraste que nos los hace extemporáneos? Tiempos que nos hablan también de un planeta dañado en el que habitamos con todo el entusiasmo de nuestro deseo.

Respondiendo a esas preguntas, en forma personal diré que en cuanto me detuve frente al primer cuadro, quise gritar. Eso me suele pasar  cuando leo una obra literaria que me hace estallar de goce estético. La pintura no es mi especialidad. Mi reacción fue emocional. Su realismo me hizo dudar de su técnica. Pensé que eran fotografías montadas sobre un collage. Entonces me acerqué y comprobé que la mayoría eran óleos sobre tela. Mujeres, de espaldas, con rostros invisibles y detalles que hacen sentir la necesidad de tocarlas para comprobar si están ahí, al alcance de nuestros sentidos. Como el nudito de la bombacha de un bikini bastante usado, o la etiqueta del corpiño que quedó afuera, o la marca de la parte donde no dio el sol, en un desnudo.

De pronto, llama la atención la falta de sombras, o el fondo que contrasta con el realismo de la modelo. Nos sacude como un trompe l’œil en el que descubrimos que ese clasicismo que nos atrajo a primera vista tiene detalles contemporáneos que habrían sido impensables en una obra renacentista. Cuando descubrí la picardía de ese recurso lo empecé a buscar en cada una de las obras: una cabeza bellísima recostada sobre una hornalla de cocina, un fondo de azulejos setentoso, fauna marina, playas, plantas de ríos, sueños, paisajes, que surgen cuando aguzamos la observación. Como cuando escuchamos una composición musical: captamos primero la melodía principal pero al prestar atención aparecen los instrumentos, los recursos musicales, los leit motiv.

Para salir de estas abstracciones voy a dejar hablar a Kekena Corvalán, curadora de la muestra, licenciada en Letras, crítica literaria e historiadora del arte, aunque asegura no haber obtenido el título. Es especialista en ayudar a pensar accesiblemente.

Aborda el tema del vanitas -del latín vanidad- no tomada como soberbia u orgullo sino como la fragilidad de la existencia. Como un punto de vista estoico sobre la vida. Se funde con el concepto del tiempo, que da nombre a la muestra de Paula: “Pronósticos del tiempo”. ¿Vamos a ser bellos por siempre? Esa necesidad de aferrarnos al presente.

Dice Kekena que en Paula hay algo opaco que se resiste a ser explicado. Hasta una violencia condensada. Y es cierto, después de mi primera impresión me invadió cierta melancolía y atracción por un misterio oculto.

Kekena abordó el tema de la máquina del amor. Hoy el arte está metido dentro del sistema del capitalismo. Se ha transformado en algo conceptual. Incluso está mal visto valorar algo “porque nos gusta”. Sin embargo lo que mueve al artista es la recuperación del amor.

Mientras ella habla pienso en que si el arte no motiva nuestra sensibilidad, no tiene sentido. Que moriría si nos perdiéramos en análisis conceptuales. Cuando vuelvo mi atención a la clase oigo a Kekena que dice “El artista no hace la guerra, hace el amor”.

Y retoma la mirada sobre el paso del tiempo: ¿Cuánto dura el duelo, cuánto el dolor, cuánto la concentración? El tiempo contemporáneo es un problema. Nadie lo derrocha en ocio. Todo tiene que ser breve, se pierde la posibilidad de profundizar.

Paula tiene un lenguaje único en la pintura, asegura Kekena. Y nos hace pasar por los grandes hits de la pintura: como el David, o la Gioconda. Muchas artistas contemporáneas los recrearon sin anacronismo y con gran mérito. Pero Paula no tiene ninguna referencia anterior.

He aquí varias de las pinturas sobre las que todos debatimos aportando observación sobre detalles, mientras Paula nos escuchaba, tal vez pensando que nunca había querido decir lo que nosotros veíamos. Me suele pasar cuando alguien analiza alguna de mis novelas y me sorprenden con una lectura que dista muchísimo de lo que yo quise expresar.

“Duración del llanto”. Óleo sobre tela

“Duración del llanto”. / Paula Grazzini
“Duración del llanto”. / Paula Grazzini

Es un misterio quien fue la modelo que inspiró esta obra. Mejor imaginar que saber.

“Ni cantos ni sirenas”. Óleo sobre tela

“Ni cantos ni sirenas”. Paula Grazzini
“Ni cantos ni sirenas”. / Paula Grazzini

La espalda y el rostro oculto son tópicos en la pintura de Paula. Las sombras solo se dan sobre el cuerpo. Incontenible la necesidad de tocarla.

“Duelo”. Óleo sobre tela

"Duelo". / Paula Grazzini
"Duelo". / Paula Grazzini

Detenerse en los detalles hace revalorar el tiempo de concentración en esta obra. El primer impacto es el hiperrealismo: los pliegues del cuerpo, el color de la piel de los glúteos donde le dio el sol, los blancos donde otro traje de baño le hizo sombra, el nudo del bikini, la etiqueta… pero después saltan los azulejos, la mesada y la casi siniestra almohada donde recuesta la cabeza.

“Viento en el lago”. Tríptico. Óleo sobre tela

“Viento en el lago”. Paula Grazzini
“Viento en el lago”. / Paula Grazzini

De nuevo la espalda. Preocupada por el río, un mar muerto por el plástico, simulación de la vida. Melancolía que atrae, invita a quedarse.

“Hermanos”, Óleo sobre tela

“Hermanos”. Paula Grazzini
“Hermanos”. / Paula Grazzini

Esta obra está pintada a partir de una foto antigua, coloreada. Las otras las realiza primero digitalmente con una modelo, y luego las pinta en óleo sobre tela.

Aquí tampoco se ven las caras de los niños pero es porque los bichos de mar que funcionan como collage las ocultan. Siempre hay una pauta ( aquí muy evidente) que dice que no es verdad. Hay algo onírico.

Podría seguir hablando y mostrando la obra de Paula, pero el tiempo de la concentración del lector no lo permite.

Solo me queda agradecerle su talento y su alegría por mostrarlo.

A la entusiasta y explosiva Kekena por darnos su mirada.

Y a Clarita por hacernos vivir el arte como en casa. @mundiario

 

 

Vanitas y la duración del tiempo en la obra de Paula Grazzini
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